Confianza del Consumidor en México: del máximo histórico de 2024 a la caída de 2026 y su articulación con la desaceleración
Análisis del ICC del INEGI-Banxico entre octubre de 2024 y mayo de 2026: máximo histórico, quince meses de retroceso, componentes y correlato con IGAE, ICE y consumo privado.
Contexto
El Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) mexicano es, junto con el INPC y la ENOE, uno de los tres pulsos mensuales que mejor sintetizan el estado del ciclo económico visto desde los hogares. El indicador se construye a partir de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), un ejercicio conjunto del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México, y ha ganado peso analítico en los últimos años por dos razones. La primera es su carácter anticipatorio respecto de decisiones de gasto duradero de las familias, en particular vehículos y bienes de línea blanca. La segunda es su sensibilidad a factores no directamente económicos, como el ciclo político, la sensación de inseguridad y las expectativas respecto de la política pública. En un contexto de crecimiento anémico y política monetaria todavía restrictiva, esa doble condición vuelve al ICC un termómetro particularmente útil para leer el clima económico interno.
La coyuntura reciente amplifica ese valor. Entre octubre de 2024 y mayo de 2026, la serie recorrió el trayecto entero de un ciclo de confianza. Alcanzó su máximo histórico al arranque del sexenio de Claudia Sheinbaum, sostuvo lecturas cercanas a ese pico durante los primeros meses de 2025 y, a partir del segundo semestre de ese año, encadenó descensos mensuales sistemáticos que la ubicaron en mayo de 2026 en 43.5 puntos, su nivel más bajo desde la salida de la pandemia. El presente análisis reconstruye la arquitectura estadística de la ENCO, describe los componentes del ICC, cuantifica la trayectoria 2024-2026 y sitúa la caída reciente en el marco de otros indicadores oportunos: el IGAE, el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), el Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) y los Indicadores de Confianza Empresarial (ICE).
Arquitectura de la ENCO
La ENCO tiene su antecedente institucional en 1996, cuando el INEGI lanzó una primera encuesta de opinión sobre las condiciones económicas percibidas por los hogares. La convergencia con Banco de México se formalizó a inicios de 2003, momento en el que ambos organismos rediseñaron el instrumento con criterios comparables a los del Michigan Consumer Sentiment Index de Estados Unidos y del Consumer Confidence Index de la OCDE. Desde febrero de 2003 la serie mantiene continuidad metodológica; enero de ese año se fijó como periodo base, con valor igual a 100.
El diseño muestral es probabilístico, trietápico, estratificado y por conglomerados. La muestra mensual es de 2,336 viviendas distribuidas en las 48 principales ciudades del país, con asignación fija a los tres dominios de referencia urbana: 384 viviendas en la Ciudad de México, 256 en Guadalajara y 256 en Monterrey, con las 1,440 restantes en el resto del universo urbano. El instrumento opera bajo un esquema de panel rotatorio: cada panel permanece cuatro meses en muestra, sale ocho y regresa por otros cuatro, lo que permite conjugar cortes transversales robustos con capacidad de análisis longitudinal.
El ICC se obtiene como el promedio aritmético de cinco componentes que exploran, de manera balanceada, la percepción actual y la expectativa a doce meses tanto del hogar como del país, más una pregunta específica de intención de compra. La versión ampliada de la ENCO, con veintiuna preguntas adicionales sobre patrimonio, empleo, ahorro e inflación, se levanta con periodicidad trimestral y funciona como complemento analítico del indicador principal.
Los cinco componentes del ICC son los siguientes:
| Clave | Componente |
|---|---|
| P1 | Situación económica actual del hogar comparada con un año antes |
| P2 | Situación económica esperada del hogar dentro de doce meses |
| P3 | Situación económica actual del país comparada con un año antes |
| P4 | Situación económica esperada del país dentro de doce meses |
| P5 | Posibilidades de los miembros del hogar de adquirir bienes duraderos |
La lectura interpretativa del ICC parte de la referencia de 50 puntos. Valores por encima señalan predominancia de percepciones optimistas, valores exactamente en 50 traducen equilibrio y valores por debajo indican dominio del pesimismo entre los hogares consultados. En términos de la serie histórica, el indicador mexicano ha oscilado durante la mayor parte de sus más de veinte años de vida por debajo de esa marca, con excepciones puntuales en periodos de aceleración cíclica y de expectativas favorables al inicio de administraciones federales.
La trayectoria 2024-2026: pico, meseta y descenso
El ciclo reciente del ICC puede dividirse analíticamente en tres tramos. El primero corresponde al último trimestre de 2024, cuando el indicador tocó su máximo histórico. El segundo abarca 2025, año en el que la serie se sostuvo cerca de ese pico pero perdió terreno gradualmente. El tercero comienza al cierre de 2025 y se prolonga durante el primer semestre de 2026, con retrocesos mensuales sistemáticos y una lectura anual sostenidamente negativa.
El máximo histórico de octubre de 2024
En octubre de 2024, el primer mes calendario completo bajo la administración de Sheinbaum, el ICC se ubicó en 49.4 puntos con cifras desestacionalizadas, la lectura más alta desde el arranque del rediseño en 2003. La marca desplazó al máximo previo de 48.5 puntos alcanzado en febrero de 2019, que había coincidido con el inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. El pico de 2024 tuvo dos peculiaridades. La primera es que se alcanzó sin cruzar el umbral de 50, lo que indica que, incluso en la fase más optimista de la serie, la percepción neta de los hogares mexicanos siguió inclinada hacia el pesimismo. La segunda es que se registró en un entorno de desaceleración incipiente de la actividad económica, con un PIB anual estimado en 1.1% para 2024, lo que refuerza la interpretación de que el componente expectativas —vinculado al inicio de sexenio y a los anuncios de programas sociales— pesó por encima del componente coyuntural.
2025: meseta con pérdida de altura
Durante los tres primeros trimestres de 2025 el ICC mantuvo lecturas cercanas al pico, con variaciones mensuales pequeñas y un descenso gradual. Marzo de 2025 registró 46.0 puntos con una reducción mensual de 0.3 puntos; octubre de ese año se ubicó en 46.1 puntos, prácticamente en el mismo nivel de marzo. La lectura de octubre confirma que buena parte del entusiasmo del arranque sexenal se había disipado a doce meses de la toma de protesta, pero sin desplomar el indicador.
El cuarto trimestre de 2025 marcó el inicio del quiebre. En noviembre de 2025, el ICC cayó 1.6 puntos mensuales hasta 44.2 puntos, en la mayor caída mensual del año. En diciembre, la serie rebotó parcialmente a 44.7 puntos, con un incremento mensual de 0.6 puntos que no revirtió la tendencia: el retroceso anual respecto de diciembre de 2024 fue de 2.4 puntos. El cierre de 2025 mostró, por primera vez desde la salida de la pandemia, un ICC estable por debajo del umbral de 45 puntos.
2026: caídas sostenidas y quiebre bajo 44 puntos
El primer semestre de 2026 profundizó el descenso. El boletín 4/26 del INEGI reportó una lectura de 44.0 puntos para enero de 2026, con una caída mensual de 0.6 puntos y una anual de 2.7. La caída se distribuyó entre los cinco componentes: la percepción de la situación actual del hogar retrocedió 0.9 puntos, la expectativa del hogar a doce meses cedió 0.7, la situación actual del país cayó 0.5, la expectativa del país 0.5 y la posibilidad de compra de bienes duraderos 0.4. La descripción difundida por casas de análisis calificó ese descenso como la mayor caída para un mes de enero desde 2022, y la atribuyó a la conjunción de un mercado laboral en enfriamiento y una desaceleración de las remesas.
Marzo de 2026 registró 44.1 puntos, con una nueva caída de 0.3 puntos mensuales y de 2.0 puntos anuales; para ese momento, los cinco componentes acumulaban ya doce meses de retrocesos anuales y la serie completa había concatenado quince meses consecutivos de descensos, sin recuperación efectiva. Mayo de 2026, con la información difundida a principios de junio, ubicó el indicador en 43.5 puntos, con una caída mensual de 0.7 y anual de 3.4. La caída mensual fue de nuevo generalizada. El componente que más retrocedió fue la expectativa sobre la situación del país a doce meses, con -1.6 puntos, seguido por la posibilidad de compra de bienes duraderos y la situación actual del hogar, ambas con -0.7 puntos.
La secuencia de 2026 tiene una lectura interpretativa clara: el ICC no está descendiendo por la sola coyuntura, sino que la revisión de expectativas de mediano plazo se está transmitiendo hacia las decisiones de gasto en bienes duraderos. Cuando el componente P4 —expectativas a doce meses sobre el país— cae más que la percepción actual, la señal es una anticipación negativa que suele preceder a la moderación del consumo formal.
El correlato macro: IGAE, IOAE, IOCP y consumo
La caída sostenida del ICC no ocurre en el vacío. Cinco piezas del cuadro macroeconómico convergen para explicar por qué la confianza mide un deterioro real y no un ruido de encuesta.
Primero, el PIB del primer trimestre de 2026 se contrajo 0.6% respecto del trimestre anterior con cifras desestacionalizadas. La caída fue menor a la estimada por el indicador oportuno del INEGI, pero confirmó que el arranque del año fue negativo, prolongando la desaceleración que en 2025 dejó un crecimiento anual estimado en 0.8% —el peor desempeño desde 2020, y el cuarto año consecutivo con desaceleración.
Segundo, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) mostró un patrón oscilante durante el primer trimestre: enero con caída mensual desestacionalizada de 0.9%, febrero con avance mensual mínimo de 0.1% y marzo con un rebote de 0.4%. El IOAE estimó para mayo de 2026 una variación mensual de 0.0% del IGAE y un crecimiento anual de 1.1%, en desaceleración respecto del 1.4% observado en abril. Ese conjunto es coherente con una economía cerca del estancamiento y sin motores nítidos de aceleración.
Tercero, el Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) estimó una variación mensual de 0.0% en mayo de 2026 y un avance anual de 2.6%. Ese consumo interior modestamente positivo cohabita con un mercado laboral que envía señales de tibieza: la generación acumulada de empleo formal en el IMSS al cierre de abril de 2026 continuaba débil, con lecturas mensuales que no compensaban el ritmo observado en 2024 ni en el arranque de 2025.
Cuarto, la confianza empresarial confirma el diagnóstico. El Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOEC) se ubicaba en 48.4 puntos en marzo de 2026 y descendió a 48 puntos en junio, con dieciséis meses consecutivos por debajo del umbral de 50. Los ICE por sector muestran divergencias, pero todos por debajo de la neutralidad: manufacturas en 47.8 puntos en marzo de 2026, construcción en 46.3 puntos en junio con veintidós meses consecutivos por debajo de 50. El componente de momento oportuno para invertir es el más deprimido, con lecturas cercanas a 34 puntos en el sector construcción a mitad de 2026.
Quinto, la política monetaria endureció durante 2022-2024 y comenzó a distenderse en 2025-2026, pero de forma cautelosa. El ciclo de recortes concluyó el 7 de mayo de 2026 con la tasa de referencia en 6.50%, un nivel todavía restrictivo dado un objetivo de inflación de 3% ±1 pp. La inflación general se ubicó en 3.94% anual en mayo de 2026 y la subyacente en 4.19%, ambas por encima del rango objetivo, lo que acota el margen del Banco de México para acompañar la desaceleración con relajamiento adicional.
El Reporte de Estabilidad Financiera del primer semestre de 2026 del Banco de México, publicado en junio, ratifica que el sistema financiero mantiene solidez y capitalización, pero eleva la lectura de vulnerabilidades a zona intermedia y advierte sobre riesgos combinados de origen macroeconómico global, apalancamiento, ciberseguridad y adopción de pagos digitales. En ese marco, el ICC no describe una crisis, pero sí un reajuste de expectativas que pesa sobre la demanda interna y sobre el gasto duradero.
Consideraciones analíticas
El ejercicio comparado deja tres lecturas que conviene explicitar.
Primero, la sensibilidad política del ICC es real pero temporal. Los picos históricos de 2019 y 2024 muestran que el arranque de una nueva administración federal genera un impulso de expectativas que puede llevar el indicador al máximo de la serie, incluso en entornos de crecimiento débil. Ese efecto tiende a disiparse entre nueve y quince meses después, y su reversión suele coincidir con la señal de deterioro del componente de expectativas a doce meses (P4), que actúa como termómetro adelantado.
Segundo, la caída de 2026 tiene raíz macroeconómica más que política. El deterioro del ICC es coherente con la contracción del PIB en el primer trimestre, con el patrón oscilante del IGAE, con el consumo privado interno moderado y con dieciséis meses de confianza empresarial por debajo del umbral de neutralidad. La lectura conjunta apunta a un ajuste de expectativas ante un entorno de bajo crecimiento, inflación por encima del rango objetivo y política monetaria todavía restrictiva.
Tercero, la posibilidad de compra de bienes duraderos (P5) es el componente con mayor valor predictivo. Sus caídas anticipan moderación en el mercado automotor y en la línea blanca, categorías que dependen de decisiones de gasto discrecional y que suelen ser las primeras en ajustarse cuando los hogares toman una postura defensiva. La caída de 0.7 puntos de P5 en mayo de 2026 es congruente con reportes de casas analíticas sobre pospuestas de compra en autos y electrodomésticos.
Conclusiones
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El ICC recorrió, entre octubre de 2024 y mayo de 2026, un ciclo completo de expectativas: máximo histórico de 49.4 puntos, meseta a lo largo de 2025 con lecturas cercanas a 46 puntos y descenso sostenido durante el primer semestre de 2026, con quince meses consecutivos de caídas y una lectura de 43.5 puntos al cierre del último dato disponible.
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La ENCO conserva su continuidad metodológica desde el rediseño de 2003, con base enero 2003 = 100, muestra de 2,336 viviendas en 48 ciudades y panel rotatorio de ocho grupos. Esa estabilidad permite construir series comparables de más de dos décadas y utilizar el ICC como termómetro de mediano plazo.
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El descenso reciente es generalizado en los cinco componentes, con predominio del deterioro de las expectativas a doce meses sobre la situación del país y del componente de compra de bienes duraderos, señal de mayor peso predictivo sobre el gasto discrecional.
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La caída se articula con el cuadro macro: contracción del PIB en el primer trimestre de 2026, IGAE oscilante, IOCP con expansión anual moderada de 2.6%, confianza empresarial dieciséis meses por debajo de 50 puntos, tasa de referencia en 6.50% e inflación subyacente en 4.19%. El ICC no ocurre en el vacío, sino que confirma con métrica de opinión lo que las series duras registran con métrica de actividad.
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Los picos históricos del indicador han coincidido con inicios de sexenio; la duración del efecto expectativas ha sido de nueve a quince meses. Bajo ese patrón, la recuperación del ICC dependerá más del ritmo de la actividad económica y de la trayectoria de la inflación que de nuevos anuncios de política pública, y su reversión sostenida requerirá una mejora persistente en el componente P4 antes que en los componentes P1 y P3.