Mercados Laborales

Empleo juvenil y el fenómeno NiNi en México: radiografía 2025

Análisis de la situación laboral de jóvenes de 15 a 29 años en México, el peso de los cuidados femeninos y los límites de las políticas públicas vigentes.

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Por Estructura

Contexto

El término NiNi se popularizó en la última década para describir a quienes no estudian ni trabajan, una categoría que en realidad agrupa situaciones muy distintas: estudiantes en transición entre niveles educativos, personas con discapacidad, jóvenes en búsqueda activa de empleo y, sobre todo, mujeres dedicadas a cuidados no remunerados. La etiqueta resulta útil para llamar la atención sobre un fenómeno, pero oculta la heterogeneidad de un grupo que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), supera los 14 millones de personas.

La radiografía estadística reciente confirma que la inserción laboral de los jóvenes mexicanos sigue siendo un cuello de botella estructural. Pese a una tasa nacional de desocupación históricamente baja, el segmento de 15 a 29 años concentra una parte desproporcionada del desempleo, opera mayoritariamente en la informalidad y, en el caso femenino, queda fuera del mercado por responsabilidades de cuidado. La política pública dirigida a este grupo —centralizada desde 2018 en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro— ha sido objeto de reiteradas observaciones por parte de los órganos de evaluación y fiscalización.

Magnitud y composición demográfica

De acuerdo con la ENOE del primer trimestre de 2025, en México residían 30.4 millones de personas de 15 a 29 años, equivalentes al 23.3 % de la población total. La distribución por sexo fue de 51.0 % mujeres y 49.0 % hombres. Por grupos quinquenales de edad, 37.0 % tenía entre 15 y 19 años, 33.1 % entre 20 y 24, y 29.9 % entre 25 y 29.

Dentro de ese universo, INEGI identifica dos condiciones que marcan trayectorias muy distintas: la población económicamente activa (PEA), que tuvo o buscó vínculo con la actividad económica en la semana de referencia, y la población no económicamente activa (PNEA), que no participó del mercado laboral.

CondiciónPersonas (millones)ParticipaciónMujeresHombres
PEA juvenil15.952.3 %39.6 %60.4 %
PNEA juvenil14.547.7 %63.4 %36.6 %

La asimetría de género es la primera lectura obligada. Aunque las mujeres son ligera mayoría demográfica entre los jóvenes, representan apenas cuatro de cada diez personas activas y casi dos terceras partes de quienes están fuera del mercado laboral.

Desocupación e informalidad: dos problemas simultáneos

Para el conjunto de personas de 15 años o más, INEGI reportó en el primer trimestre de 2025 una tasa de desocupación de 2.5 % de la PEA, una de las más bajas del continente. Sin embargo, el indicador para el grupo de 15 a 29 años casi duplica esa cifra: 4.8 % de la PEA juvenil. La presión sobre los más jóvenes se confirmó conforme avanzó el año: en septiembre de 2025, según el boletín de ENOE de ese mes, el 32.6 % de la población desocupada del país tenía entre 15 y 24 años, pese a que ese grupo etario es minoritario dentro de la fuerza laboral total.

El segundo frente es la informalidad. La tasa de informalidad laboral, que mide la proporción de personas ocupadas sin acceso a derechos laborales y de seguridad social, se ubicó en 54.3 % a nivel nacional, pero en 58.8 % entre los jóvenes ocupados. Es decir, casi seis de cada diez personas de 15 a 29 años con empleo lo desempeñan al margen del marco institucional, sin cobertura del IMSS, sin aportaciones a una cuenta individual del SAR y sin protección frente al despido.

La combinación entre desocupación elevada e informalidad mayoritaria define un mercado laboral juvenil donde el primer empleo formal —cuando llega— ocurre tarde y suele ser precario. La OCDE, en el reporte Education at a Glance 2025, ubica a México entre los tres países del organismo con mayor proporción de jóvenes de 18 a 24 años que no estudian ni están empleados, sólo por debajo de los registros de Brasil y Colombia.

Quiénes integran la población joven fuera del mercado

La PNEA juvenil de 14.5 millones no es un bloque homogéneo. INEGI desagrega su composición por edad, escolaridad, disponibilidad para trabajar y motivos.

Edad y escolaridad

Más de la mitad de la PNEA juvenil —56.2 %— tiene entre 15 y 19 años, edades en que la mayoría sigue escolarizada. El 28.4 % tiene de 20 a 24 años y el 15.4 % de 25 a 29.

En cuanto al nivel educativo de quienes están fuera del mercado:

Nivel educativoPNEA juvenil
Educación básica39.8 %
Educación media superior39.0 %
Educación superior20.0 %
Sin instrucción formal1.1 %

La cifra de un 20 % con educación superior es particularmente reveladora: una proporción no menor de jóvenes con licenciatura o equivalente permanece al margen del mercado, lo que tensiona el supuesto de que mayor educación garantiza inserción laboral. La OCDE ha documentado que en México la relación entre escolaridad y empleo es menos lineal que en otros países del organismo.

Disponibilidad para trabajar

De los 14.5 millones de jóvenes en la PNEA, sólo 14.1 % se declaró disponible para trabajar; 85.9 % no lo estaba. La condición de no disponibilidad fue mayor entre mujeres (87.3 %) que entre hombres (83.6 %), pero el dato relevante surge al desagregar por motivos de inactividad.

Entre las mujeres jóvenes no disponibles para trabajar, INEGI reporta:

  • 54.6 % estudiaba.
  • 42.7 % se dedicaba a quehaceres domésticos no remunerados.
  • 2.0 % realizaba otras actividades, principalmente cuidados de familiares o enfermos.
  • 0.8 % se encontraba con incapacidad permanente.

Entre los hombres jóvenes no disponibles para trabajar:

  • 82.5 % estudiaba.
  • 8.2 % se dedicaba a quehaceres domésticos.
  • 7.2 % realizaba otras actividades.
  • 2.2 % padecía limitaciones permanentes.

La diferencia es estructural: mientras que para los hombres la causa abrumadoramente dominante de no estar en el mercado es seguir estudiando, para las mujeres los quehaceres domésticos y los cuidados familiares explican casi 45 % de la inactividad. Es la huella estadística de la economía del cuidado.

El peso de los cuidados en la inactividad femenina

El peso de los cuidados se profundiza al observar la situación familiar de las mujeres jóvenes que no estudian, no trabajan y no buscan empleo. INEGI reporta que 27.5 % tiene al menos un hijo o hija: 14.9 % uno, 9.1 % dos y 3.6 % tres o más. Aunque la mayoría (72.5 %) no tiene descendencia propia, una parte importante asume tareas de cuidado dentro del hogar extenso, según la propia metodología de la encuesta.

La situación conyugal también pesa. INEGI reporta que entre las jóvenes no económicamente activas y no disponibles para trabajar, 30.3 % estaba casada o en unión libre, frente a apenas 1.9 % entre los hombres en la misma condición. La transición temprana al matrimonio o a la maternidad opera, en los hechos, como una salida del mercado laboral que rara vez se revierte.

El IMCO, con base en los microdatos de la ENOE, ha estimado que las mujeres jóvenes fuera del mercado dedican significativamente más horas semanales al trabajo no remunerado que sus pares hombres, y que sin políticas explícitas de cuidados —centros gratuitos de atención infantil, licencias parentales paritarias, programas de reincorporación— el patrón se reproduce de generación en generación. La etiqueta NiNi, cuando se aplica indistintamente a este grupo, oculta que la mayoría sí trabaja, sólo que sin remuneración.

La política pública: Jóvenes Construyendo el Futuro y sus límites

Desde 2019, la principal apuesta del gobierno federal para atender la inserción laboral juvenil ha sido el programa Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF), operado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). Su diseño original consiste en una beca mensual durante doce meses para personas de 18 a 29 años que no estudian ni trabajan, condicionada a la inscripción en un centro de capacitación —empresa, organización o dependencia pública— que funge como tutor.

Entre 2018 y 2024, según información presupuestal compilada por evaluadores externos, el gasto acumulado del programa superó los 134 mil millones de pesos. El presupuesto convierte a JCF en uno de los programas sociales más cuantiosos del periodo, comparable en escala a las pensiones no contributivas en sus primeros años.

Las evaluaciones, sin embargo, han sido reiteradamente críticas. La Auditoría Superior de la Federación (ASF), en revisiones de la Cuenta Pública 2022, identificó un probable daño patrimonial cercano a 57 millones de pesos asociado a beneficiarios que no cumplían los criterios del programa. Entre los hallazgos: pagos a personas registradas simultáneamente como Servidores de la Nación, becas posteriores a la fecha de defunción de beneficiarios, centros de trabajo con domicilios abandonados y casos de uso indebido de los datos de empresas que nunca participaron en la capacitación. La ASF emitió pliegos de observaciones y recomendaciones en torno al diseño de los controles internos del programa.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en su ficha de monitoreo del programa, ha señalado debilidades persistentes en la medición de resultados: la estimación oficial de inserción laboral —siete de cada diez egresados con ocupación productiva— se basa en metodologías cuestionadas por la propia ASF, que detectó deficiencias en las bases de datos de seguimiento. Análisis externos han ubicado en alrededor de 45.9 % la proporción de egresados que accede a empleo formal y se mantiene en él más de seis meses, una cifra menor a la reportada por la STPS.

El balance es complejo: JCF amplió de manera significativa la cobertura de un grupo históricamente desatendido por la política activa de empleo, pero su impacto sobre la inserción formal sostenida es modesto y su diseño no aborda los principales determinantes de la inactividad femenina, que son los cuidados.

Gasto público, educación y transición laboral

La discusión sobre los NiNi también remite al sistema educativo, particularmente a la educación media superior. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), en su análisis del Presupuesto de Egresos de la Federación 2025, documentó que el gasto en educación, ciencia y cultura asciende a 1.16 billones de pesos, equivalente al 3.2 % del PIB, por debajo de la recomendación internacional del 4 % al 6 %. El nivel medio superior —donde se concentra la mayor deserción— registró una reducción presupuestal de 0.3 % respecto al año anterior, mientras que las becas Rita Cetina para educación básica recibieron una ampliación significativa.

La OCDE, en Education at a Glance 2025, reporta que la proporción de personas de 25 a 34 años sin educación media superior pasó de 49 % en 2019 a 41 % en 2024, una mejora real, aunque sigue siendo el nivel más alto entre los países del organismo, cuyo promedio es de 13 %. El cuello de botella se ubica en la transición entre secundaria y bachillerato, y entre bachillerato y educación superior o empleo formal. Sin un sistema robusto de orientación vocacional, becas suficientes y vinculación con el sector productivo, la transición se rompe y los jóvenes terminan en alguna de tres categorías: informalidad, desocupación o PNEA.

Conclusiones

  1. El fenómeno NiNi en México no es un grupo, sino un agregado heterogéneo que mezcla estudiantes en transición, personas con discapacidad, desempleados desalentados y, sobre todo, mujeres dedicadas a cuidados no remunerados. Tratarlo como una sola categoría conduce a diagnósticos imprecisos.
  2. La desocupación juvenil casi duplica la nacional y la informalidad supera el 58 % entre quienes sí están ocupados, lo que implica que el problema no se limita a la inactividad: también afecta a los jóvenes que sí trabajan, pero sin acceso a derechos.
  3. La inactividad femenina joven es estructuralmente distinta de la masculina: dominan los quehaceres domésticos y los cuidados, no la educación. Sin política de cuidados —servicios públicos de atención infantil, licencias parentales paritarias, mecanismos de reincorporación—, la brecha persiste.
  4. Jóvenes Construyendo el Futuro amplió la cobertura, pero su diseño tiene límites probados: las observaciones de la ASF y los hallazgos de CONEVAL apuntan a debilidades en focalización, control y medición de resultados, además de no atender la causa principal de inactividad femenina.
  5. La transición educación-empleo sigue siendo el eslabón débil: México mantiene la proporción más alta de jóvenes sin educación media superior dentro de la OCDE, y el gasto educativo total se ubica por debajo de las recomendaciones internacionales. Sin reforzar ese tramo, los esfuerzos posteriores —becas, programas de capacitación, primer empleo— enfrentan rendimientos decrecientes.

La radiografía 2025 sugiere que el problema NiNi en México no se resolverá únicamente con transferencias condicionadas. Requiere una articulación más fina entre política educativa, política activa de empleo, política de cuidados y reforma de la oferta laboral formal. La estadística pública, especialmente la ENOE, ofrece la base mínima para diseñar y evaluar esas políticas; el reto está en convertirla en decisiones concretas.

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