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ENIGH 2024: ingreso, gasto y desigualdad en los hogares mexicanos

Análisis de la ENIGH 2024 del INEGI: ingresos de hogares al alza, Gini en mínimo histórico desde 2016 y persistencia de brechas rural-urbana.

INEGI ENIGH Desigualdad Hogares Pobreza
Por Estructura

Contexto

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) es la fuente estadística más utilizada en México para caracterizar la distribución del ingreso, los patrones de gasto y las condiciones de vida de los hogares. Su edición de 2024 fue publicada por el INEGI el 30 de julio de 2025 y constituye, hasta ahora, la radiografía socioeconómica más reciente del país. Su relevancia se amplió en julio de 2025, cuando el INEGI asumió formalmente la atribución de medir la pobreza multidimensional, función que hasta entonces correspondía al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). El instituto decidió preservar la metodología vigente y mantener a la ENIGH como insumo central, lo que refuerza la posición de esta encuesta como pieza articuladora del sistema mexicano de medición distributiva.

La edición 2024 llega además en un momento políticamente sensible: por primera vez en la serie bienal disponible, todos los indicadores principales —ingreso promedio, desigualdad medida por el Gini y porcentaje de población en pobreza multidimensional— se mueven en la dirección que la administración federal había anticipado. Conviene, por tanto, separar los hallazgos verificables del relato. Este artículo organiza los resultados oficiales de la ENIGH 2024, los compara con la edición previa y discute, con base en fuentes verificables, las implicaciones para la política pública.

Diseño y cobertura del levantamiento

La ENIGH 2024 levantó información en 105,718 viviendas entre el 21 de agosto y el 28 de noviembre de 2024, en un esquema operativo organizado en diez decenas más una decena de recuperación. La cobertura es nacional, con desagregación por entidad federativa y por ámbito urbano y rural. El tamaño muestral fue diseñado para garantizar un error relativo esperado de 1.60% a nivel nacional en la variable de ingreso corriente promedio trimestral por hogar, asumiendo un nivel de confianza del 90% y una tasa de no respuesta del 20%; a nivel estatal, el error relativo esperado se ubica por debajo del 15%.

Con esa muestra, el INEGI estimó un total de 38,830,230 hogares en el país en 2024, una cifra 3.4% superior a la registrada en 2022, con un tamaño promedio de 3.4 integrantes por hogar. La comparabilidad metodológica con la edición 2022 se preservó, lo cual es esencial porque rupturas en la serie histórica de la ENIGH —como las ocurridas en 2008 y 2016— han generado debates técnicos sobre la lectura de la pobreza y la desigualdad.

Ingresos: crecimiento generalizado y recomposición de fuentes

El ingreso corriente promedio trimestral por hogar creció 10.6% entre 2022 y 2024 en términos nominales, según el comunicado oficial del INEGI, mientras que el ingreso total —que incluye percepciones financieras y de capital— se incrementó 10.1%. La nota de prensa institucional reporta un ingreso mensual promedio por hogar de 27,307 pesos para 2024.

El componente laboral siguió siendo el determinante principal del ingreso de los hogares: representa 66% del ingreso corriente, frente a 18% que aportan las transferencias y porcentajes menores correspondientes a renta empresarial, financiera y de capital. La descomposición trimestral muestra que el ingreso laboral promedio pasó de 46,260 pesos en 2022 a 51,099 pesos en 2024, un crecimiento de 10.5%. Las transferencias, por su parte, subieron 14.3% en el mismo lapso, al pasar de 12,077 a 13,799 pesos.

Dentro del rubro de transferencias, la dinámica fue heterogénea. Las transferencias públicas —principalmente los programas sociales del paquete Bienestar— crecieron 27.3% entre 2022 y 2024, mientras que las transferencias privadas avanzaron 15.5%. En contraste, las remesas cayeron 18.1% en el mismo período, un resultado que contrasta con el flujo macroeconómico reportado por Banxico y que probablemente refleja diferencias entre la medición a nivel de hogar y los registros bancarios agregados.

Componente del ingresoVariación 2022-2024
Ingreso laboral+10.5%
Transferencias totales+14.3%
Transferencias públicas+27.3%
Transferencias privadas+15.5%
Remesas−18.1%

La composición de las transferencias varía marcadamente según el nivel de ingreso. En los hogares de los primeros cinco deciles, entre 61% y 86% del monto recibido por transferencias proviene de donativos, becas y apoyos gubernamentales. En el décimo decil, en cambio, las pensiones y jubilaciones concentran 63% del total. Las remesas mantienen una participación relativamente baja y estable, sin superar el 8% en ningún decil, lo que matiza la narrativa pública sobre su peso en el ingreso familiar.

Desigualdad: el coeficiente de Gini en mínimo histórico

El indicador más comentado de la ENIGH 2024 es el coeficiente de Gini para la distribución del ingreso por deciles de hogares, que se ubicó en 0.391. Se trata del nivel más bajo registrado por el INEGI en su serie comparable: en 2022 había sido de 0.402, y en 2016 alcanzó 0.449. La reducción acumulada en ocho años es de 5.8 puntos del coeficiente, una variación considerable para un indicador estructural.

El propio INEGI desglosó el efecto de las transferencias monetarias en este resultado. Si se calculara el coeficiente solamente con los ingresos previos a transferencias, alcanzaría 0.450; al incorporar las transferencias, baja a 0.391. La política redistributiva, en consecuencia, explica una parte sustantiva del avance reciente. Diversos análisis independientes, como los de IMCO y México ¿Cómo Vamos?, coinciden en atribuir el grueso de la caída de la desigualdad a la expansión de los programas sociales y a la dinámica del salario mínimo, más que a una reconfiguración estructural del mercado laboral.

La concentración del ingreso, sin embargo, permanece elevada. El décimo decil de hogares concentra 30.3% del ingreso total, mientras que la mitad inferior de la distribución —los deciles I a V— acumula 23.3%. La distancia entre extremos sigue siendo amplia, aunque se ha acortado: entre 2018 y 2024, el ingreso del primer decil creció 35.89%, frente a un avance de 4.16% en el décimo. Esta divergencia explica buena parte del cambio en el Gini.

A nivel territorial, las cinco entidades con mayor desigualdad de ingreso de los hogares en 2024 son Nuevo León, Oaxaca, San Luis Potosí, Guerrero y la Ciudad de México, según el INEGI. Las cinco con menor desigualdad son Baja California, Baja California Sur, Sinaloa, Quintana Roo y Coahuila. La presencia simultánea de Nuevo León y CDMX —entidades de alto ingreso— y de Oaxaca y Guerrero —de bajo ingreso— entre las más desiguales subraya que la desigualdad intraestatal no es función mecánica del nivel de desarrollo.

Brecha rural-urbana: avances y rezagos

La diferencia entre hogares urbanos y rurales sigue siendo una de las dimensiones más persistentes de la desigualdad mexicana. En 2024, el ingreso corriente promedio trimestral de los hogares urbanos fue de 85,550 pesos, frente a 48,004 pesos en hogares rurales. En otras palabras, por cada peso de ingreso urbano, un hogar rural recibió aproximadamente 56 centavos.

Esa brecha, no obstante, se ha estrechado en los últimos años. Entre 2016 y 2024, el ámbito rural de Chiapas registró el mayor crecimiento de ingreso del país, con un avance de 39.5%, seguido del rural de Hidalgo (37.8%) y del rural de Michoacán (37.5%). Estos incrementos, sobre bases iniciales bajas, sugieren un efecto de convergencia parcial impulsado tanto por transferencias como por dinámicas migratorias y de empleo agrícola formal.

En materia de pobreza multidimensional, los resultados publicados por el INEGI en agosto de 2025 confirman la asimetría territorial: 45.8% de la población rural se encuentra en pobreza multidimensional, equivalente a 13.0 millones de personas, frente a 25.0% en zonas urbanas.

Gasto: estructura asimétrica entre deciles

El gasto corriente promedio mensual por hogar fue de 20,436 pesos en 2024, compuesto por 15,891 pesos de gasto monetario y 4,545 pesos de gasto no monetario, según la ENIGH. La variación frente a 2022 fue de 7.9%, por debajo del crecimiento del ingreso, lo que sugiere un aumento del ahorro o, alternativamente, un margen para mayor consumo en ediciones futuras.

La estructura del gasto monetario promedio se distribuye, a grandes rasgos, en cuatro grandes capítulos:

Rubro de gastoMonto mensualParticipación
Alimentos, bebidas y tabaco5,994 pesos37.7%
Transporte y comunicaciones3,106 pesos19.5%
Educación y esparcimiento1,531 pesos9.6%
Vivienda y servicios1,449 pesos9.1%

La fotografía promedio, sin embargo, esconde diferencias drásticas entre deciles. En los hogares del primer decil, 52 de cada 100 pesos de gasto se destinan a alimentos; en el décimo decil, esa proporción cae a 14 pesos. El gasto en transporte y comunicaciones, en cambio, se eleva con el ingreso: representa 13% del total en el primer decil y se acerca a 21% en los tres deciles superiores. Estos patrones son consistentes con la ley de Engel —a mayor ingreso, menor participación del gasto alimentario— y reflejan la importancia que adquiere la movilidad cuando se supera un nivel mínimo de consumo de subsistencia.

El análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) sobre gasto de bolsillo en salud, derivado de la misma ENIGH 2024, muestra una concentración persistente de erogaciones catastróficas en hogares de menor ingreso, lo que constituye una alerta sobre las limitaciones de la cobertura efectiva del sistema público de salud.

Pobreza multidimensional: continuidad metodológica bajo nueva institucionalidad

La medición de pobreza multidimensional 2024, publicada por el INEGI el 13 de agosto de 2025, indica que 29.6% de la población se encontraba en esa condición, el nivel más bajo en la serie bienal 2016-2024. El cambio institucional —el INEGI asumió la atribución a partir del 17 de julio de 2025— se acompañó del compromiso explícito de mantener la metodología desarrollada por el CONEVAL y de utilizar a la ENIGH como fuente única de información, conforme a los Lineamientos vigentes desde 2018.

CONEVAL, por su parte, mantuvo durante 2024 la publicación mensual de las Líneas de Pobreza por Ingresos. Al cierre de ese año, la Línea de Pobreza por Ingresos urbana se ubicaba en niveles cercanos a 4,500 pesos mensuales por persona, y la rural en torno a 3,300 pesos, en función de la valoración monetaria de la canasta alimentaria y no alimentaria. Estas líneas son el parámetro contra el cual se contrastan los ingresos corrientes per cápita reportados en la ENIGH para identificar a la población con ingreso insuficiente.

Implicaciones y advertencias

La lectura conjunta de la ENIGH 2024 y la medición de pobreza multidimensional permite extraer al menos cuatro implicaciones para el debate público.

Primero, el papel de las transferencias monetarias en la reducción de la desigualdad es estadísticamente verificable: la diferencia entre el Gini con y sin transferencias —0.450 frente a 0.391— equivale a casi 13% de menor desigualdad atribuible al brazo redistributivo del Estado. Esta dependencia, sin embargo, plantea un reto de sostenibilidad fiscal en el horizonte de mediano plazo, particularmente en un escenario de menores ingresos petroleros y mayor presión sobre el gasto pensionario.

Segundo, los datos confirman la heterogeneidad territorial. La convergencia parcial de los hogares rurales del sureste y la persistencia de la brecha urbana-rural deben leerse en paralelo: la brecha se acorta porque crece la base, no porque desaparezca la dispersión.

Tercero, la estructura del gasto refleja que la mejoría en el ingreso aún no se traduce en una recomposición del consumo hacia bienes y servicios de mayor valor agregado en los deciles inferiores. La proporción del gasto destinada a alimentación en el primer decil sigue siendo cinco veces y media superior, en términos relativos, a la del décimo, lo que sugiere que el avance del ingreso está siendo absorbido en buena medida por necesidades de subsistencia.

Cuarto, la transferencia de la medición de pobreza al INEGI altera el equilibrio institucional que existió durante dos décadas entre productor de datos —INEGI— y evaluador de política social —CONEVAL—. La preservación metodológica anunciada es una salvaguarda, pero la pérdida de independencia evaluativa exigirá nuevos arreglos para garantizar el escrutinio externo de la política social.

Conclusiones

  1. El ingreso de los hogares creció 10.6% entre 2022 y 2024 en términos nominales, con un componente laboral que sigue aportando dos terceras partes del ingreso corriente.
  2. El coeficiente de Gini alcanzó 0.391, el mínimo histórico de la serie comparable del INEGI, con las transferencias públicas explicando una parte central de la mejora.
  3. La brecha rural-urbana se mantiene amplia: por cada peso de ingreso urbano, un hogar rural recibió 56 centavos, aunque algunas regiones rurales del sur muestran tasas de crecimiento sostenidas.
  4. La estructura del gasto revela desigualdades persistentes: los hogares del primer decil destinan más de la mitad de su gasto a alimentos, mientras los del décimo lo hacen en una proporción mucho menor.
  5. La pobreza multidimensional descendió a 29.6%, el nivel más bajo desde 2016, en un contexto de transición institucional que coloca al INEGI como nuevo responsable de su medición.

La ENIGH 2024 ofrece, en suma, un panorama de mejora cuantificable acompañado de rezagos estructurales que siguen siendo el principal frente analítico para la política social mexicana en la segunda mitad de la década.

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