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Esperanza de vida al nacer en México: trayectoria, choque COVID-19 y lectura 2026

Análisis de la esperanza de vida al nacer en México según INEGI y CONAPO, con el choque de la pandemia, la brecha de género, la dispersión regional y la implicación pensionaria.

INEGI CONAPO Esperanza de vida Demografía Mortalidad
Por Estructura

Contexto

La esperanza de vida al nacer es uno de los indicadores sintéticos más usados para describir las condiciones de salud y de desarrollo de una población. Resume en una sola cifra el número de años que, en promedio, viviría una persona nacida en un año determinado si las tasas de mortalidad por edad observadas en ese año se mantuvieran constantes a lo largo de su vida. En México, su serie larga condensa casi un siglo de salud pública, nutrición, saneamiento y transición epidemiológica, al tiempo que, en los últimos años, registró el choque más fuerte desde la Revolución a causa de la pandemia de COVID-19. La lectura de 2026 obliga a mirar simultáneamente la trayectoria de largo plazo, la caída de 2020-2021, la recuperación posterior, la brecha de género, la dispersión regional y las implicaciones para el sistema de pensiones.

Qué es y cómo se calcula

La esperanza de vida al nacer se obtiene a partir de una tabla de mortalidad de período. Se parte de las defunciones por edad registradas en un año y de la población expuesta al riesgo, para construir las tasas específicas de mortalidad. De esas tasas se derivan probabilidades de muerte, sobrevivientes a cada edad y años-persona vividos. La esperanza de vida a la edad exacta x se expresa como el cociente entre los años-persona vividos a partir de x y el número de sobrevivientes a esa edad.

En México el cálculo lo producen el INEGI, con sus tabulados interactivos de la tabla de mortalidad, y el CONAPO, en su serie demográfica. El CONAPO publicó en junio de 2023 la Conciliación Demográfica de México 1950-2019, que armoniza mortalidad, fecundidad y migración con los censos de 1950 a 2020, los conteos de 1995 y 2005 y la Encuesta Intercensal 2015. Esa reconstrucción histórica sirve como población base de las Proyecciones de la Población de México 2020-2070, con las que se derivan proyecciones oficiales de esperanza de vida por entidad federativa y por sexo. INEGI, por su parte, actualiza anualmente la serie observada a partir de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR).

Trayectoria histórica

La ganancia secular de longevidad en México es uno de los cambios demográficos más profundos del siglo XX. INEGI documenta que, en 1930, la esperanza de vida al nacer apenas rebasaba los 34 años; cuarenta años después, en 1970, se ubicó en torno a 61; y para 2000 ya se aproximaba a 74. El motor de esa expansión fue la caída sostenida de la mortalidad infantil y de las enfermedades infecciosas, acompañada por la ampliación de la cobertura sanitaria, la vacunación y la mejora de la nutrición. A grandes rasgos, el país ganó alrededor de 40 años de vida esperada en siete décadas.

AñoEsperanza de vida al nacer (años)
1930~34.0
1970~61.0
2000~74.0
2019~75.0
202375.3

Las cifras hasta 1970 son estimaciones censales y de reconstrucciones demográficas, mientras que las posteriores a 2010 provienen de las tablas de mortalidad del INEGI. La ganancia marginal se fue estrechando conforme el país se aproximó al nivel asociado a países de ingreso medio-alto, un patrón consistente con la fase avanzada de la transición epidemiológica, en la que los padecimientos crónicos no transmisibles ganan peso y las ganancias rápidas por control de infecciosas se agotan.

Choque COVID-19 y recuperación

El impacto de la pandemia sobre la mortalidad mexicana fue uno de los más intensos entre países de la OCDE. Un estudio publicado en Gaceta Médica de México con base en datos del Global Burden of Disease estimó entre 2020 y 2021 unas 708 971 muertes en exceso, con una reducción de la esperanza de vida al nacer cercana a 4.6 años; alrededor de tres cuartas partes de esa pérdida se atribuyeron directamente a COVID-19 y el resto a mortalidad por otras causas asociada al colapso temporal del sistema sanitario.

Las fuentes oficiales confirmaron la magnitud del fenómeno. La Secretaría de Salud documentó una caída promedio de 4.7 años en la esperanza de vida nacional en 2020, con alta variación entre municipios. CONAPO, en la reconstrucción incorporada en su Conciliación 1950-2019 y en las primeras actualizaciones posteriores, trasladó ese choque a su línea base para proyecciones. La recuperación comenzó en 2022 y hacia 2023 el indicador se ubicó en 75.3 años, cerca del nivel previo a la pandemia (alrededor de 75 años en 2019). La velocidad de rebote no significa, sin embargo, que todas las dimensiones hayan vuelto al punto de partida: la esperanza de vida saludable, que descuenta años vividos con discapacidad, se recuperó con mayor rezago.

En paralelo, las EDR 2024 publicadas por INEGI en noviembre de 2025 reportaron 819 672 defunciones totales en el año, con enfermedades del corazón, diabetes mellitus y tumores malignos como las tres primeras causas. Según cifras asociadas a esa publicación, las enfermedades del corazón sumaron alrededor de 192 500 muertes, la diabetes mellitus 112 500 y los tumores malignos 95 100. Las tres causas en conjunto concentran casi la mitad de las defunciones del país, lo que confirma el peso de las enfermedades crónicas no transmisibles en la estructura actual de la mortalidad y, por lo tanto, el límite al que se enfrentan las ganancias futuras de longevidad si no se altera el perfil de riesgo cardiometabólico.

Brecha de género

La diferencia entre hombres y mujeres es un rasgo persistente de la mortalidad mexicana. Datos de INEGI referidos a 2023 ubicaron la esperanza de vida al nacer en 72.3 años para hombres y 78.6 años para mujeres, lo que arroja una brecha de 6.3 años en favor de las segundas. La diferencia tuvo un leve ensanchamiento durante la pandemia, cuando la sobremortalidad masculina por COVID-19 fue mayor, y ha tendido a estabilizarse en el proceso de recuperación.

El fenómeno tiene explicaciones múltiples y acumulativas. Entre los factores asociados con la menor longevidad masculina suelen señalarse la mayor exposición a mortalidad violenta en edades jóvenes, el consumo diferencial de alcohol y tabaco, una menor frecuencia de consultas preventivas y una incidencia más alta de ciertas causas cardiovasculares. En el otro extremo, la ventaja femenina coexiste con una peor cobertura pensionaria: las mujeres viven más años en la vejez pero con menores densidades de cotización, lo que hace que la brecha demográfica interactúe con la brecha pensionaria.

Dispersión regional

Aun cuando la cifra nacional transita por una banda estrecha, la dispersión entre entidades federativas es amplia. Con base en los tabulados del INEGI, cinco entidades se ubicaron en 2023 claramente por encima del promedio nacional de 75.3 años, encabezadas por Nuevo León, Baja California Sur, Aguascalientes, Sonora y Ciudad de México.

EntidadEsperanza de vida 2023 (años, aprox.)
Nuevo León77.6
Baja California Sur77.0
Aguascalientes76.7
Sonora76.6
Ciudad de México76.6
Promedio nacional75.3

En el extremo opuesto se mantienen entidades del sureste y de la vertiente del Pacífico sur, con cifras varios años por debajo del promedio. Las fuentes periodísticas que recogen datos atribuidos a INEGI y a estudios académicos recientes ubican a Chiapas, Guerrero y Oaxaca entre las entidades con menor longevidad esperada, en torno a los 70-72 años. La brecha interestatal, cercana a siete años entre el extremo alto y el bajo, es un recordatorio de que detrás del promedio nacional conviven realidades sanitarias y de ingreso muy desiguales.

El Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México tomó como línea base, para su batería de indicadores, un valor de 76.5 años en 2019, con metas internas de 77.9 en 2030 y 79.5 en 2040. Las metas estatales de ese tipo ilustran cómo el indicador se traslada a la planeación subnacional, aunque su cumplimiento depende de dinámicas sanitarias y epidemiológicas que exceden al ámbito local.

Comparación OCDE

La fotografía internacional es desfavorable para México. El Panorama de la Salud 2025 de la OCDE, publicado en noviembre de 2025, ubicó a México con una esperanza de vida al nacer de 75.5 años, 5.6 años por debajo del promedio de la organización, de 81.1. En ese reporte México aparece en la parte más baja del ranking, mientras que países como Suiza, Japón, España e Italia superan los 83 años.

El reporte añade un segundo indicador relevante: la mortalidad prevenible, es decir, la asociada a causas que podrían evitarse con intervenciones de salud pública o atención médica oportuna. México registra 243 muertes por cada 100 000 habitantes por este concepto, frente a 145 del promedio OCDE. La brecha de longevidad, por lo tanto, no es solo consecuencia de la pandemia; refleja también la carga estructural de enfermedades crónicas, violencia y accidentes en edades que, en otras economías de la organización, concentran mortalidad mucho menor.

Implicaciones para el sistema de pensiones

La esperanza de vida es un parámetro de primer orden en el diseño del sistema pensionario. Determina el horizonte sobre el cual una cuenta individual, un fondo colectivo o una pensión de beneficio definido debe pagar prestaciones. Un aumento del indicador, aun si marginal, se amplifica porque opera sobre la esperanza de vida a edades avanzadas: lo que importa para la sostenibilidad no es tanto la cifra al nacer como la esperanza de vida a los 60 o 65 años. CONSAR, en sus análisis actuariales de las aseguradoras especializadas en pensiones, utiliza tablas de mortalidad propias que incorporan proyecciones de longevidad a futuro, lo que suele resultar en montos constitutivos crecientes para financiar rentas vitalicias.

Para el sistema de capitalización individual regido por la Ley del IMSS de 1997, la mayor longevidad presiona las tasas de reemplazo si la densidad de cotización y la aportación obligatoria no suben a la par. La reforma de 2020 incrementó gradualmente la aportación patronal del 6.5% al 15% del salario base de cotización hasta 2030, en parte como respuesta a este fenómeno. Para los sistemas de beneficio definido que aún subsisten en gobiernos estatales, universidades autónomas y organismos descentralizados, el aumento de la esperanza de vida se traduce directamente en mayores pasivos actuariales. La discusión académica sobre vincular la edad de retiro a la esperanza de vida —un ajuste automático ya adoptado por países como Países Bajos y Finlandia— se mantiene abierta en México, pero no ha permeado de forma general al marco normativo vigente.

Conclusiones

  1. El indicador recuperó, pero no superó, el nivel prepandemia. La serie 2023 ubicó a México en 75.3 años, cifra similar a la de 2019, tras una caída de alrededor de 4.6 años en 2020-2021 atribuida mayoritariamente a COVID-19.
  2. La brecha de género se mantiene amplia. La diferencia de 6.3 años en favor de las mujeres en 2023 es consistente con el patrón regional, aunque convive con una peor cobertura pensionaria femenina.
  3. La dispersión regional es estructural. La distancia de hasta siete años entre la entidad con mayor y menor longevidad confirma que las condiciones de salud y de ingreso explican buena parte del nivel estatal.
  4. La comparación con la OCDE es desfavorable y persistente. 5.6 años de brecha con el promedio del grupo, sumados a una mortalidad prevenible casi 70% superior, apuntan a cargas no resueltas de enfermedades crónicas y causas externas.
  5. El impacto pensionario crecerá, aunque la cifra al nacer avance despacio. El parámetro relevante para financiar rentas vitalicias es la esperanza de vida a edades avanzadas, lo que presiona montos constitutivos, tasas de reemplazo y pasivos de beneficio definido.
  6. La fuente primaria sigue siendo pública y accesible. INEGI, con las EDR y la tabla de mortalidad, y CONAPO, con la Conciliación 1950-2019 y las Proyecciones 2020-2070, concentran los insumos oficiales para análisis demográfico y actuarial sobre México.

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