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El gasto en pensiones y la presión fiscal en México 2026

El gasto público en pensiones alcanza 6% del PIB en México en 2026. Análisis de su peso presupuestal, la trayectoria fiscal y las proyecciones al 2030.

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El pago de pensiones se ha convertido en la partida individual más grande y de más rápido crecimiento del gasto público federal en México. Para 2026, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) contempla destinar alrededor de 2.3 billones de pesos al pago de pensiones y jubilaciones, un monto equivalente a cerca del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) y a aproximadamente 22.7% del gasto neto total presupuestado. Dicho de otro modo: de cada cuatro pesos que ejerce el gobierno federal, casi uno se destina a pensiones.

Esta magnitud es resultado de dos fuerzas que operan de manera simultánea. La primera es demográfica: la población de personas mayores crece con rapidez y con ella la nómina de beneficiarios. La segunda es de política pública: la expansión de las pensiones no contributivas y su elevación a rango constitucional en 2020 introdujeron un piso de gasto difícil de ajustar. El resultado es una presión creciente sobre unas finanzas públicas cuyos ingresos, medidos como proporción del PIB, apenas se han modificado en la última década.

La trayectoria del gasto en pensiones

El peso de las pensiones en la economía se ha duplicado en menos de una década. De acuerdo con estimaciones difundidas por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), el gasto público en pensiones pasó de representar 3.8% del PIB en 2017 a 5.4% en 2023, 5.8% en 2024 y cerca de 6.0% en 2026. En términos absolutos, el CIEP estimó que en 2024 el gasto pensionario ascendió a 1.99 billones de pesos.

AñoGasto en pensiones (% del PIB)
20173.8%
20235.4%
20245.8%
2026~6.0%

Fuente: estimaciones del CIEP con base en documentos de la SHCP.

Lo notable de esta trayectoria no es solo su nivel, sino su velocidad. El crecimiento del gasto en pensiones ha superado sistemáticamente al de la economía y al de la recaudación, lo que significa que absorbe una proporción cada vez mayor de los recursos disponibles. Esa dinámica es la que explica que las pensiones hayan escalado hasta convertirse en el principal componente del gasto no financiero.

Contributivas y no contributivas: dos lógicas distintas

El gasto en pensiones se compone de dos grandes bloques con orígenes y reglas diferentes. Las pensiones contributivas corresponden a los trabajadores que cotizaron a la seguridad social y financian sus prestaciones mediante los sistemas del IMSS, el ISSSTE y los regímenes especiales de entidades como Pemex, la Comisión Federal de Electricidad y diversas universidades públicas. Las pensiones no contributivas son transferencias universales financiadas con recursos fiscales generales, encabezadas por la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores.

Según el desglose del PPEF 2026, las pensiones contributivas representarían del orden de 1.7 billones de pesos —equivalentes a cerca de 4.5% del PIB— mientras que las no contributivas sumarían alrededor de 620 mil millones de pesos, cerca de 1.5% del PIB. Dentro de este segundo bloque, la Pensión para las Personas Adultas Mayores concentra la mayor parte, con una partida cercana a los 526 mil millones de pesos.

La diferencia entre ambos bloques no es solo contable. Las contributivas crecen de manera relativamente inercial, empujadas por el número de jubilados y por la actualización de las prestaciones conforme a la inflación. Las no contributivas, en cambio, dependen de decisiones discrecionales de cobertura y monto, y han sido el componente de expansión más acelerada en años recientes, en particular por la incorporación de nuevos programas como la Pensión Mujeres Bienestar.

El pulso de 2026: lo que muestran los datos ejercidos

Los informes trimestrales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) permiten observar el gasto efectivamente ejercido, más allá de lo presupuestado. Durante el primer semestre de 2026, el gasto en pensiones —contributivas y no contributivas— sumó 1.13 billones de pesos, una cifra que ilustra con crudeza la presión sobre los ingresos: equivalió a 71.9% de todo lo recaudado por el Impuesto Sobre la Renta (ISR) en el mismo periodo.

El contraste entre la evolución del gasto y la de los ingresos resulta ilustrativo. Con base en los datos de la SHCP para el primer semestre de 2026, el gasto en pensiones creció 5.3% en términos reales anuales, mientras que la recaudación de ISR se contrajo 6.2% real. Es decir, la partida más rígida del presupuesto se expandió justo cuando su principal fuente de financiamiento retrocedía.

El desglose del semestre confirma las lógicas distintas de cada bloque:

Componente (1er semestre 2026)MontoCrecimiento real anual
Pensiones contributivas831.7 mil millones2.7%
Pensiones no contributivas298.8 mil millones13.0%
Total1.13 billones5.3%

Fuente: SHCP, Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública, segundo trimestre de 2026.

Dentro de las no contributivas, la Pensión para las Personas Adultas Mayores ejerció 259.3 mil millones de pesos, mientras que la Pensión Mujeres Bienestar alcanzó 24.7 mil millones, frente a los 8 mil millones del periodo previo, reflejo de la maduración de un programa de reciente creación.

Por qué el gasto es difícil de contener

La rigidez del gasto pensionario tiene un fundamento jurídico además de demográfico. La reforma constitucional de 2020 elevó la pensión para las personas adultas mayores a la categoría de derecho, lo que reduce el margen para ajustarla a la baja o condicionarla en ejercicios de contención presupuestal. A esa rigidez se suma la naturaleza contractual de las pensiones contributivas, que responden a obligaciones adquiridas y no pueden recortarse de manera unilateral.

Cuando una porción creciente del gasto queda blindada, el ajuste tiende a recaer sobre las partidas flexibles. Los datos de la SHCP para el primer semestre de 2026 muestran ese fenómeno: la inversión física registró una caída real anual de 7.9%, uno de los rubros donde la contención se materializa con mayor facilidad. Analistas de organizaciones como México Cómo Vamos y México Evalúa han advertido que sacrificar inversión pública para sostener el gasto corriente comprime la capacidad de crecimiento de largo plazo, lo que a su vez erosiona la base de ingresos futuros.

El desplazamiento del ISR es quizás el indicador más elocuente de esta tensión. Estimaciones del CIEP señalan que las pensiones pasaron de absorber 46.6% de la recaudación de ISR en 2018 a 71.9% en el primer semestre de 2026, un aumento de más de 25 puntos porcentuales en ocho años. Las no contributivas, en particular, escalaron de representar cerca de 1.1% de los ingresos tributarios en 2018 a alrededor de 10.1% en 2026.

La dimensión demográfica

Detrás de las cifras fiscales opera una transición demográfica de fondo. De acuerdo con proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), la población de 65 años y más pasó de 4.8 millones de personas en 2000 —cerca del 5% del total— a 10.3 millones en 2020, equivalentes a 8.2%. Las mismas proyecciones anticipan que ese grupo alcanzará alrededor de 24.9 millones de personas hacia 2050, cerca del 16.8% de la población.

El significado fiscal de esta tendencia es directo: cada año se incorporan más personas al universo de beneficiarios potenciales de pensiones, tanto contributivas como no contributivas, mientras la proporción de población en edad de trabajar —y por tanto de aportar— comienza a estrecharse. El CIEP ha señalado que a partir de 2030 las aportaciones netas al sistema tienden a disminuir, un umbral en el que el envejecimiento deja de ser una presión gradual para volverse estructural.

Proyecciones al 2030

Las estimaciones prospectivas del CIEP dibujan un escenario de presión sostenida. En su análisis sobre el financiamiento de las pensiones, el centro proyectó que, bajo una trayectoria inercial, el gasto pensionario podría ubicarse en torno a 7.1% del PIB hacia 2030. Si se incorporan las reformas y propuestas de ampliación en discusión, la cifra podría acercarse a 7.8% del PIB en un lapso de seis años.

El propio CIEP ha subrayado que muchas de estas iniciativas se han presentado sin detallar el impacto presupuestario ni la fuente de financiamiento correspondiente. Esa omisión es relevante porque el espacio fiscal disponible es reducido: distintos análisis del paquete económico ubican el margen de maniobra del gobierno en el orden de 1.9% del PIB, un colchón estrecho frente a un gasto pensionario que crece de forma sostenida y difícilmente reversible.

México en perspectiva internacional

En comparación con otras economías, el nivel de gasto pensionario mexicano todavía se ubica por debajo del promedio de los países de mayor ingreso. Según la edición 2025 de Pensions at a Glance de la OCDE, el gasto público en pensiones promedió 8.3% del PIB en el conjunto de la organización en 2021, con un rango que iba desde 2.9% del PIB en Islandia e Irlanda hasta 16.2% en Grecia. México se situó al menos 2.2 puntos porcentuales por debajo del promedio, entre los países con menor gasto pensionario como proporción de su economía.

Esa aparente holgura, sin embargo, debe leerse con cautela. El menor gasto relativo mexicano se explica en buena medida por una estructura demográfica todavía joven y por tasas de reemplazo modestas para amplios segmentos de la población. La OCDE ha observado que, si bien la tasa de reemplazo puede resultar elevada para los trabajadores de menores ingresos, el sistema mexicano ofrece coberturas dispares y una edad de retiro legal de 65 años sin ajustes previstos ante el aumento de la longevidad. En un país que envejece con rapidez, la distancia frente al promedio de la OCDE tiende a cerrarse conforme madura la transición demográfica.

Conclusiones

  1. Las pensiones son ya la mayor partida del gasto federal. En 2026 concentran alrededor de 2.3 billones de pesos, cerca del 6% del PIB y aproximadamente 22.7% del gasto neto, tras haber duplicado su peso en la economía desde 2017.
  2. El crecimiento supera a la recaudación. En el primer semestre de 2026 el gasto pensionario equivalió a 71.9% del ISR y creció 5.3% real, mientras la recaudación de ISR se contrajo 6.2% real, lo que estrecha el margen presupuestal.
  3. La rigidez desplaza a la inversión. El blindaje constitucional de las pensiones no contributivas y la naturaleza contractual de las contributivas trasladan el ajuste hacia partidas flexibles como la inversión física, que cayó 7.9% real en el semestre.
  4. La demografía intensificará la presión. Con una población de 65 años y más que podría alcanzar 24.9 millones en 2050 según CONAPO, y aportaciones netas que el CIEP anticipa a la baja desde 2030, el gasto podría escalar a entre 7.1% y 7.8% del PIB hacia 2030.
  5. El margen internacional es engañoso. Aunque México aún gasta por debajo del promedio de la OCDE, esa distancia se explica por una población relativamente joven y tiende a cerrarse; sostener el sistema exigirá definir fuentes de financiamiento que hasta ahora no se han precisado.

La información presupuestaria y los informes trimestrales que sustentan estas cifras están disponibles para consulta pública en los portales de la SHCP, el CIEP y la OCDE.

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