Inflación subyacente en México: la persistencia de los servicios y la convergencia al rango de Banxico
Análisis del INPC y de la inflación subyacente en México: dinámica de mercancías y servicios, política monetaria de Banxico y convergencia al rango objetivo.
Contexto
La inflación en México es a la vez un indicador macroeconómico y un objeto institucional. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) desde el 15 de julio de 2011 por mandato de la Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (SNIEG), publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 16 de abril de 2008, constituye la métrica oficial para la variación de precios al consumo y la referencia obligada para ajustes contractuales, salariales, fiscales y de política monetaria. El Banco de México, autónomo desde la reforma al artículo 28 constitucional de 1993, opera bajo un régimen de objetivos de inflación con una meta puntual de 3 por ciento y un intervalo de variabilidad de un punto porcentual en ambos lados, vigente sin modificaciones desde su consolidación a principios de la década de 2000.
Tras el choque inflacionario de 2021-2022, derivado de la combinación de cuellos de botella globales, alza de energéticos y reapertura económica, la inflación general en México alcanzó un máximo de 8.7 por ciento en septiembre de 2022. La trayectoria descendente posterior, descrita por Banco de México en sus Informes Trimestrales de la Inflación, condujo al cierre de 2025 a una tasa anual de 3.69 por ciento, dentro del intervalo de variabilidad por primera vez desde 2020. La convergencia, sin embargo, no ha sido homogénea entre los componentes del INPC. La inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles, se ha mostrado persistente en su segmento de servicios, mientras que la no subyacente ha contribuido al descenso a través de los componentes agropecuario y energético.
Esa heterogeneidad define la lectura analítica del momento monetario en 2026. La convergencia al rango es condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar la meta puntual, y la persistencia de los servicios pesa en el ritmo con el que la Junta de Gobierno reduce la tasa de referencia.
Arquitectura del INPC: subyacente y no subyacente
La metodología vigente del INPC corresponde a la base segunda quincena de julio de 2018, publicada por el INEGI en agosto de 2018, con una estructura de ponderaciones derivada de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) y de cuentas nacionales. La canasta se organiza en ocho rubros de gasto, 299 conceptos genéricos y un universo de cotizaciones que el INEGI recoge en 55 ciudades distribuidas en las 32 entidades federativas, con cobertura quincenal y mensual.
La descomposición analítica más relevante para la política monetaria distingue dos grandes agregados.
El componente subyacente incluye los bienes y servicios cuyos precios responden con menor intensidad a choques transitorios. Concentra cerca de tres cuartas partes de la canasta y se subdivide en dos grupos. Las mercancías abarcan alimentos, bebidas y tabaco junto con mercancías no alimenticias. Los servicios reúnen vivienda, educación, otros servicios y, dentro de estos, restaurantes, telecomunicaciones, transporte aéreo y servicios de salud entre los más relevantes.
El componente no subyacente concentra los precios más volátiles. Se integra por dos subagregados: agropecuarios, con frutas y verduras de un lado y pecuarios del otro, y energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, que incluye gasolinas, gas LP, electricidad y servicios públicos sujetos a regulación tarifaria. Su peso ronda la cuarta parte del INPC y su volatilidad explica la mayor parte del ruido de corto plazo en la inflación general.
Banco de México utiliza la inflación subyacente como su métrica analítica de referencia para la persistencia y la estimación de las expectativas. La lectura conjunta de ambos agregados es la que estructura el balance de riesgos en cada decisión de política monetaria.
| Componente | Peso aproximado | Características |
|---|---|---|
| Subyacente | ~75% del INPC | Mercancías y servicios; menor volatilidad |
| Mercancías | ~37% del INPC | Alimentos, bebidas, tabaco y no alimenticias |
| Servicios | ~38% del INPC | Vivienda, educación y otros servicios |
| No subyacente | ~25% del INPC | Agropecuarios, energéticos y tarifas |
| Agropecuarios | ~9% del INPC | Frutas, verduras y pecuarios |
| Energéticos y tarifas | ~16% del INPC | Gasolinas, gas, electricidad, agua |
Las ponderaciones señaladas corresponden a la estructura publicada por el INEGI con base 2018 y se actualizan cuando se incorporan nuevas fuentes muestrales.
Trayectoria reciente: del choque al rango
La descripción de los Informes Trimestrales de la Inflación de Banco de México permite ordenar la trayectoria de los últimos cinco años en tres tramos.
El primer tramo, entre 2021 y septiembre de 2022, corresponde al choque alcista. La combinación de presiones globales sobre cadenas de suministro, el rebote de la demanda por la reapertura, los precios de energéticos y la depreciación cambiaria llevó a la inflación general de niveles cercanos al objetivo, a inicios de 2021, hasta el máximo del ciclo, en septiembre de 2022, en 8.7 por ciento. La subyacente acompañó el repunte y rebasó 8 por ciento en el último trimestre de 2022, con presiones simultáneas en mercancías y servicios.
El segundo tramo, entre el cuarto trimestre de 2022 y 2024, corresponde a la fase de descenso. El alivio gradual de las cadenas globales, la normalización de los precios de materias primas y la transmisión de un ciclo restrictivo de política monetaria condujeron a una reducción más rápida en mercancías que en servicios. La inflación general cerró 2023 en 4.66 por ciento y 2024 alrededor de 4.21 por ciento, con un perfil de descenso interrumpido en algunos trimestres por choques agropecuarios y energéticos.
El tercer tramo, en 2025 y la primera mitad de 2026, corresponde a la convergencia al intervalo de variabilidad. La inflación general cerró 2025 en 3.69 por ciento, dentro del rango de Banco de México por primera vez desde el inicio del choque, según las cifras de INEGI citadas por las autoridades monetarias. La subyacente concluyó el año en niveles cercanos a 3.7 por ciento. La inflación general retomó una trayectoria cercana al objetivo durante el primer semestre de 2026, sin alcanzar todavía de manera estable la meta puntual de 3 por ciento.
La asimetría entre mercancías y servicios
La descomposición del componente subyacente revela el rasgo más relevante del ciclo desinflacionario en México: la asimetría entre mercancías y servicios.
Las mercancías han contribuido al descenso con mayor velocidad. La normalización de fletes internacionales, la apreciación del peso entre 2023 y mediados de 2024 y la moderación de los precios al productor en bienes industriales se han trasladado a los anaqueles con un rezago habitual de dos a tres trimestres. La inflación de mercancías subyacentes cayó por debajo de la meta puntual de 3 por ciento en 2025 en varias lecturas, particularmente en el segmento no alimenticio.
Los servicios, en cambio, han mostrado una persistencia notable por encima del objetivo. Tres factores estructurales explican esa rigidez. El primero es el alto contenido salarial de la prestación, que vincula la dinámica de servicios con la trayectoria del salario mínimo, la inflación pasada y la productividad. El segundo es la inercia contractual: los precios de colegiaturas, rentas, seguros y servicios profesionales se ajustan en periodos discretos, típicamente anuales, con referencia a la inflación observada. El tercero es la limitada exposición de los servicios al canal comercial: a diferencia de las mercancías, los servicios no se importan y, por tanto, no se benefician de manera directa de la apreciación cambiaria.
La inflación de servicios ha permanecido por encima de 4 por ciento durante buena parte del ciclo desinflacionario. Banco de México ha enfatizado en sus comunicados que la reducción de la inflación subyacente hacia la meta puntual depende de manera crítica de la moderación de los servicios.
| Subagregado subyacente | Comportamiento 2025-2026 |
|---|---|
| Mercancías alimenticias | Convergencia con volatilidad por insumos agropecuarios |
| Mercancías no alimenticias | Tasas cercanas o por debajo de la meta puntual |
| Servicios de vivienda | Persistencia derivada de la inercia contractual |
| Servicios de educación | Ajustes anuales en colegiaturas vinculados a la inflación pasada |
| Otros servicios | Restaurantes y transporte aéreo con tasas por encima del rango |
La fracción no subyacente, por su parte, ha contribuido al descenso pero con alta volatilidad. Las frutas y verduras presentan oscilaciones bruscas vinculadas a choques climáticos y de cosecha, y los energéticos responden a la dinámica de los precios internacionales del petróleo y a la política del estímulo fiscal aplicado a las gasolinas vía el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios.
La política monetaria: tasa de referencia y comunicación
La Junta de Gobierno de Banco de México, integrada por cinco miembros con periodos escalonados, fija la tasa de interés objetivo en ocho reuniones anuales programadas. La trayectoria de la tasa durante el ciclo de inflación está bien documentada en los anuncios oficiales: el ciclo alcista llevó la tasa de 4.00 por ciento, a inicios de 2021, hasta 11.25 por ciento en marzo de 2023, donde se mantuvo hasta el inicio del ciclo de recortes en marzo de 2024. El descenso acumulado situó la tasa de referencia en 7.0 por ciento al cierre de 2025, según las cifras citadas en el análisis del PIB del INEGI y reportes de Banco de México.
La comunicación de la Junta de Gobierno ha enfatizado tres ejes. El primero es la persistencia de los servicios como la principal restricción para acelerar el ritmo de recortes. El segundo es la importancia de la convergencia de las expectativas de inflación a horizontes largos al objetivo de 3 por ciento, medidas a través de la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado y de las extracciones de Bonos M ajustados por liquidez. El tercero es el balance de riesgos asimétrico, en el cual los riesgos al alza, como nuevos choques cambiarios o presiones salariales, pesan más que los riesgos a la baja, asociados al menor crecimiento.
La diferencia entre la tasa de referencia y la inflación general, conocida como la tasa real ex post, se mantuvo en niveles claramente restrictivos durante 2024 y 2025, lo que es coherente con la fase desinflacionaria. La transición a una postura neutral, definida como una tasa real cercana a la tasa neutral estimada por Banco de México en un rango entre 1.8 por ciento y 3.4 por ciento real, dependerá de la magnitud y el ritmo del descenso pendiente de los servicios.
La dimensión metodológica y el SNIEG
La calidad analítica del INPC descansa en su arquitectura metodológica. La transferencia formal de la responsabilidad estadística desde Banco de México hacia el INEGI, prevista en la Ley del SNIEG de 2008 y operada a partir del 15 de julio de 2011, separó la producción del indicador de la institución encargada de utilizarlo como ancla de política monetaria. Esa separación es coherente con los estándares de gobernanza estadística que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha promovido en las últimas dos décadas y que las sucesivas evaluaciones del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica reconocen como un atributo del marco mexicano.
La base segunda quincena de julio de 2018 conserva los lineamientos internacionales de los Manuales sobre índices de precios al consumidor. El INEGI publica el INPC con calendario público, comunicados quincenales y mensuales, y la difusión de microdatos agregados que permite la replicación analítica. La estructura de difusión, junto con los Informes Trimestrales de la Inflación de Banco de México y las Minutas de las decisiones de política monetaria, conforma uno de los marcos analíticos más densos del aparato de información económica nacional.
Comparativo internacional y expectativas
La trayectoria mexicana se inscribe en un patrón global. Los datos de la base Consumer Prices (MEI) de la OCDE muestran que la mayoría de las economías del bloque experimentaron picos inflacionarios entre 2022 y 2023, con descensos posteriores heterogéneos. En ese comparativo, México ha figurado con un ancla de expectativas relativamente robusta, atributo asociado al régimen de objetivos de inflación y a la trayectoria del banco central. La persistencia de los servicios, en cambio, ha sido un rasgo común en prácticamente todas las economías del bloque, lo que sugiere su carácter estructural y no exclusivamente mexicano.
Las expectativas de inflación de los analistas privados, recogidas en la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado de Banco de México, han migrado de manera gradual hacia el rango objetivo. Para el cierre de 2026 las medianas se han situado en niveles cercanos a la meta puntual de 3 por ciento, aunque los rangos intercuartílicos reflejan una dispersión todavía relevante. Las expectativas de mediano y largo plazo se han mantenido alrededor de 3.5 por ciento, con un riesgo de no convergencia plena al objetivo puntual reconocido por la propia Junta de Gobierno. Los reportes periódicos de BBVA Research y de otros analistas privados coinciden en que la consolidación dentro del rango es robusta, pero que el último tramo hacia el 3 por ciento es el más costoso en términos de mantenimiento de una postura monetaria restrictiva.
Conclusiones
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La convergencia al rango es un hecho, no la meta puntual. El INPC general cerró 2025 en 3.69 por ciento, dentro del intervalo de variabilidad de Banco de México por primera vez desde 2020, pero todavía por encima del objetivo de 3 por ciento.
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La inflación subyacente es la métrica de referencia para la persistencia. La trayectoria de su componente de servicios será el determinante principal del ritmo del ciclo de recortes de la tasa de referencia.
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La asimetría entre mercancías y servicios es el rasgo distintivo del ciclo. Las mercancías han convergido con mayor velocidad gracias a la normalización de cadenas globales y al canal cambiario, mientras que los servicios mantienen una rigidez salarial e inercial.
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La arquitectura institucional respalda la calidad del indicador. La medición del INPC por el INEGI bajo la Ley del SNIEG y la autonomía constitucional de Banco de México conforman un marco coherente con las mejores prácticas internacionales.
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El último tramo hacia la meta puntual es el más oneroso. La política monetaria restrictiva ha sido eficaz en el descenso al rango, pero el costo en términos de actividad económica del último punto porcentual de desinflación es objeto de debate analítico.
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El monitoreo del INPC requiere lectura desagregada. La lectura conjunta de mercancías, servicios, agropecuarios y energéticos, con sus ponderaciones específicas, es indispensable para interpretar correctamente las cifras quincenales y mensuales que publica el INEGI.
La información completa del INPC, sus componentes y la metodología vigente está disponible en el Banco de Información Económica del INEGI y en las publicaciones de Banco de México para consulta pública.