Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP): del CONEVAL al INEGI y la lectura del poder adquisitivo del salario en 2026
Análisis del ITLP tras la extinción del CONEVAL: metodología, transferencia al INEGI en julio de 2025 y lectura del poder adquisitivo del ingreso laboral entre 2020 y 2026.
Contexto
El Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) es una de las herramientas coyunturales más utilizadas para dar seguimiento al poder adquisitivo del ingreso laboral en México. Construido originalmente por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) desde 2005, el índice ofrece una lectura trimestral que se anticipa a la publicación bienal de la medición oficial de pobreza multidimensional. Su valor descriptivo reside en integrar dos series de alta frecuencia —el ingreso laboral captado por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI y el costo de la canasta alimentaria monitoreado a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) del Banco de México— y traducirlas en una proporción sencilla: el porcentaje de la población cuyo ingreso laboral no alcanza a cubrir el valor monetario de esa canasta.
En 2024 y 2025, el ITLP pasó por una transición institucional inédita. La reforma constitucional en materia de simplificación orgánica publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 20 de diciembre de 2024 extinguió al CONEVAL como órgano constitucional autónomo. Las leyes secundarias, publicadas en el DOF el 17 de julio de 2025, atribuyeron al INEGI, dentro del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (SNIEG), la generación y publicación de la medición de la pobreza y sus indicadores complementarios, entre ellos el ITLP. Este cambio, que se dio en paralelo a la primera medición de la pobreza multidimensional realizada por el INEGI con base en la ENIGH 2024, obliga a revisar la arquitectura del índice, su continuidad metodológica y la lectura que arrojaba al cierre de la serie CONEVAL.
Metodología del ITLP
El ITLP se construye a partir de dos insumos principales. El primero es el ingreso laboral corriente por persona reportado en la ENOE, la encuesta trimestral levantada por el INEGI con una muestra representativa a nivel nacional, urbano y rural. La ENOE capta el ingreso monetario derivado del trabajo principal y secundario para la población ocupada de 15 años y más. El segundo insumo es el valor de la Línea de Pobreza por Ingresos con componente alimentario —conocido como Línea de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI)— que se actualiza mensualmente con base en el INPC alimentario que publica el Banco de México y el INEGI.
Para cada trimestre, la nota metodológica del CONEVAL define el ITLP como la proporción de personas cuyo ingreso laboral per cápita del hogar es inferior al valor de la LPEI. El índice se normaliza tomando como base 100 el promedio del primer trimestre de una serie histórica, lo que permite comparar la trayectoria en el tiempo. Una lectura ascendente indica deterioro del poder adquisitivo del ingreso laboral; una lectura descendente indica recuperación. El indicador se calcula para el ámbito nacional, urbano y rural, y en versiones estatales.
Tres precisiones metodológicas resultan pertinentes para leer el índice. Primero, el ITLP considera únicamente ingreso laboral y no captura transferencias monetarias del sector público —como la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores (PBAM), la Pensión Mujeres Bienestar o Becas Benito Juárez—, lo que lo distingue de los indicadores de pobreza por ingresos que sí incluyen esas fuentes. Segundo, el índice usa el ingreso corriente sin deducciones y no ajusta por subestimación característica de las encuestas en hogares con mayores ingresos, por lo que su nivel absoluto debe leerse con cautela. Tercero, la ruptura metodológica de la ENOE en 2020 —con el paso a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) tras la interrupción del levantamiento presencial por la pandemia de COVID-19— exigió recalcular la serie y publicar aclaraciones sobre la comparabilidad en los trimestres afectados.
La transferencia institucional: CONEVAL 2005-2024 e INEGI a partir de 2025
El CONEVAL fue creado por la Ley General de Desarrollo Social publicada en el DOF el 20 de enero de 2004, con la doble encomienda de medir la pobreza multidimensional y evaluar la política social. Adquirió estatuto de órgano constitucional autónomo con la reforma al artículo 26 apartado C de la Constitución en 2014. Durante casi dos décadas, el consejo desarrolló y estandarizó tres productos centrales: la medición multidimensional de la pobreza cada dos años con base en la ENIGH, la evaluación de programas sociales y una batería de indicadores coyunturales entre los que destaca el ITLP.
La reforma constitucional del 20 de diciembre de 2024 —que suprimió a un conjunto de organismos autónomos incluyendo al Instituto Nacional de Transparencia (INAI), a la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) y al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT)— extinguió al CONEVAL y trasladó sus atribuciones. La ley secundaria publicada en el DOF el 17 de julio de 2025 asignó al INEGI, en su calidad de Unidad Central del SNIEG, la responsabilidad de continuar la medición de la pobreza y sus indicadores derivados. La operación de la transición previó la conservación del acervo metodológico y del personal técnico especializado, aunque con reubicación funcional dentro del organigrama del instituto.
El resultado es que el ITLP, sin haber sido descontinuado, pasa a formar parte del portafolio de indicadores producidos por el INEGI. La entidad ha señalado la continuidad metodológica respecto de la serie CONEVAL, en línea con el criterio aplicado en la primera medición de pobreza multidimensional 2024 publicada por el propio INEGI. La preservación de la comparabilidad de la serie es central: cualquier ajuste metodológico rompe la lectura de largo plazo, lo que resulta especialmente sensible dado que el ITLP se utiliza como proxy anticipada de la pobreza por ingresos y como referencia en discusiones de política salarial.
Trayectoria del ITLP entre 2020 y 2026
La serie del ITLP entre 2020 y 2026 permite distinguir tres fases. La primera corresponde al choque pandémico de 2020, con un salto pronunciado en el índice que reflejó la caída del ingreso laboral y la elevada informalidad expuesta durante los meses de confinamiento. En términos comparativos, esa fue la lectura más deteriorada desde la creación del índice.
La segunda fase, entre 2021 y 2023, muestra una recuperación gradual. Tres factores concurrentes explican el descenso del indicador. El primero es la política de recuperación del salario mínimo general, que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) impulsó desde diciembre de 2018 con incrementos por encima de la inflación esperada; entre 2019 y 2025 el salario mínimo general acumuló un incremento real superior a 100 por ciento, y la Zona Libre de la Frontera Norte alcanzó niveles todavía más elevados. El segundo es el retorno del empleo formal registrado por el IMSS a sus niveles pre-pandemia y su expansión sostenida hasta 2024. El tercero es la moderación de la inflación general de alimentos que, tras el pico de 2022, retornó paulatinamente hacia el rango objetivo del Banco de México.
La tercera fase corresponde a 2024, 2025 y el arranque de 2026. Los comunicados trimestrales de la ENOE muestran una estabilización del ingreso laboral real en niveles superiores a los observados antes de la pandemia. El ITLP nacional alcanzó mínimos en varias mediciones trimestrales, en congruencia con la caída de la pobreza multidimensional de 36.3 por ciento en 2022 a 29.6 por ciento en 2024, reportada en la primera medición del INEGI publicada en 2025. La consistencia entre ambos indicadores refuerza la lectura de un ciclo de mejora del poder adquisitivo del ingreso laboral, aun cuando el nivel absoluto del índice sigue siendo mayor en el ámbito rural que en el urbano.
Interacción con la política salarial y de transferencias
Uno de los rasgos distintivos del periodo 2019-2026 es la coincidencia entre la recuperación del ITLP y la aceleración del salario mínimo, así como la ampliación del sistema de transferencias monetarias no contributivas. El salario mínimo general pasó de valores nominales cercanos a 102.68 pesos diarios en 2019 a montos superiores a 278 pesos en 2026 según las resoluciones del Consejo de Representantes de la CONASAMI; la Zona Libre de la Frontera Norte se ubicó por encima de esa cifra desde su creación. Este ritmo de aumento contrasta con la estabilidad relativa que caracterizó al salario mínimo durante los casi tres decenios previos.
El efecto sobre el ITLP no es lineal por dos razones. Primera, una fracción sustantiva de la población ocupada percibe ingresos por encima del salario mínimo; el arrastre del piso salarial se transmite parcialmente a la parte inferior de la distribución. Segunda, cerca del 55 por ciento de la población ocupada opera en la informalidad, según la Tasa de Informalidad Laboral 1 de la ENOE al cierre de 2025, por lo que el mecanismo obligatorio del salario mínimo tiene menor incidencia directa en ese universo. Aun así, la evidencia empírica reciente —incluida la revisión de la CEPAL en su Panorama Social 2024— documenta un efecto positivo de la política salarial mexicana sobre el ingreso laboral, con contadas señales de sustitución hacia la informalidad.
Como el ITLP excluye por diseño las transferencias monetarias, no refleja el impacto redistributivo de la PBAM, la Pensión Mujeres Bienestar ni los programas de becas. Este acotamiento es una virtud analítica: permite aislar la contribución del ingreso laboral al bienestar. Pero implica que la lectura del ITLP debe complementarse con indicadores de ingreso corriente total del hogar —capturados por la ENIGH y publicados por el INEGI— para dimensionar la evolución conjunta del ingreso laboral y las transferencias públicas.
Lectura por ámbito y por entidad federativa
La descomposición del ITLP entre ámbito urbano y rural mantiene una brecha estructural. Los estados del sur del país —Chiapas, Guerrero y Oaxaca— reportan de manera sistemática lecturas más elevadas del ITLP que los del norte y bajío. La correlación con el patrón geográfico de la pobreza multidimensional 2024 es alta y consistente. La versión estatal trimestral del índice, publicada como anexo por el CONEVAL hasta 2024 y reasumida por el INEGI, ofrece señales tempranas de deterioro o mejora regional que se anticipan a los ciclos bienales de medición oficial.
Comparativo internacional y limitaciones
En perspectiva regional, el uso de indicadores de poder adquisitivo del ingreso laboral es habitual entre las oficinas nacionales de estadística de América Latina, aunque con arquitecturas metodológicas heterogéneas. La CEPAL ha promovido la armonización a través del Sistema de Indicadores de Cohesión Social, sin que exista un análogo exacto al ITLP en todos los países. La ventaja del índice mexicano es su periodicidad trimestral y su granularidad estatal, atributos que dependen directamente de la infraestructura estadística de la ENOE y del INPC, dos de los productos consolidados del SNIEG.
Las limitaciones del ITLP son conocidas y conviene enumerarlas para leer sus resultados con precisión analítica. Primero, la definición del ingreso laboral por persona en el hogar es sensible a la calidad del reporte de horas trabajadas y a la subdeclaración habitual en encuestas de hogares. Segundo, la LPEI está referida exclusivamente a la canasta alimentaria y no captura el costo de bienes y servicios no alimentarios que forman parte de la Línea de Pobreza por Ingresos utilizada para la medición multidimensional. Tercero, el índice es especialmente sensible a la inflación de alimentos, por lo que episodios de choques agroalimentarios —como los observados en 2022— pueden generar movimientos del ITLP no vinculados con el comportamiento del ingreso laboral. Cuarto, la ruptura de la serie por la transición ENOE-ENOEN-ENOE entre 2020 y 2022 requiere consultar las notas metodológicas del INEGI para interpretar los años intermedios.
Agenda 2026-2030
La agenda de continuidad del ITLP bajo administración del INEGI plantea al menos cuatro tareas visibles. Primera, publicar sin interrupciones el calendario trimestral y consolidar la marca institucional del indicador dentro del portafolio del SNIEG, para que no se perciba como un producto huérfano tras la extinción del CONEVAL. Segunda, actualizar la nota metodológica y explicitar cualquier ajuste técnico —por ejemplo, por revisiones a la ENOE o a la clasificación del INPC—, para preservar la comparabilidad. Tercera, articular la lectura del ITLP con la nueva medición de pobreza multidimensional 2024 y con los indicadores que INEGI habrá de generar en 2026 sobre las carencias sociales. Cuarta, explorar la publicación complementaria de una serie que incorpore transferencias monetarias, como referencia para dimensionar el pilar no contributivo del sistema de bienestar mexicano.
Conclusiones
- El ITLP sobrevive a la extinción del CONEVAL, con la transferencia al INEGI documentada en la reforma constitucional del 20 de diciembre de 2024 y las leyes secundarias del 17 de julio de 2025. Su continuidad metodológica es la premisa central para preservar la lectura de largo plazo de una serie que se remonta a 2005.
- La serie 2020-2026 dibuja un ciclo de recuperación del poder adquisitivo del ingreso laboral tras el choque pandémico, consistente con la caída de la pobreza multidimensional de 36.3 a 29.6 por ciento entre 2022 y 2024 reportada por el INEGI.
- La política de recuperación del salario mínimo entre 2019 y 2026 y la expansión del empleo formal explican en buena medida la mejora del ITLP, sin que se hayan documentado hasta ahora efectos significativos de sustitución hacia la informalidad.
- El ITLP tiene un uso analítico específico: capta el poder adquisitivo del ingreso laboral y excluye por construcción las transferencias monetarias. Su lectura debe complementarse con los indicadores derivados de la ENIGH para dimensionar el sistema completo de ingreso de los hogares.
- La agenda 2026-2030 requiere del INEGI un compromiso explícito de continuidad, actualización de la nota metodológica y articulación con la nueva medición de pobreza multidimensional para consolidar al ITLP como termómetro trimestral del bienestar laboral en México.