Migración y mercado laboral mexicano: flujos, remesas e impacto territorial 2024-2026
Análisis de los flujos migratorios entre México y Estados Unidos, las remesas como fuente de ingreso, el impuesto del 1% y la inserción laboral de migrantes de retorno.
Contexto
La relación entre migración y mercado laboral mexicano cambió de manera abrupta entre 2024 y 2026. Tres procesos simultáneos modificaron la estructura del fenómeno: el endurecimiento de la política migratoria estadounidense bajo la segunda administración de Donald Trump, el ajuste a la baja de las remesas durante 2025 tras una década de expansión y la entrada en vigor en enero de 2026 de un impuesto del 1 % a los envíos en efectivo desde Estados Unidos. Cada uno de estos vectores tiene consecuencias verificables sobre los flujos de personas, los ingresos del hogar receptor y la dinámica del empleo en regiones de alta dependencia migratoria.
El presente artículo organiza la evidencia disponible en cinco bloques: el tamaño y perfil de la diáspora mexicana, los movimientos transfronterizos recientes, la evolución de las remesas, el impacto territorial y el desempeño laboral de la población migrante de retorno. Las cifras provienen de Banco de México (Banxico), del Observatorio de Migración Internacional (OMI), del Anuario de Migración y Remesas elaborado por el Consejo Nacional de Población (CONAPO) en conjunto con BBVA Research, y de la literatura académica reciente publicada en revistas indexadas.
La diáspora mexicana en Estados Unidos
El Anuario de Migración y Remesas México 2025 estima que la población de origen mexicano residente en Estados Unidos sumaba 39.1 millones en 2024, integrada por tres generaciones. La primera —es decir, las personas nacidas en México— alcanzó 12.7 millones, con más de la mitad llegada al país vecino entre 1990 y 2009. La segunda y tercera generación crecieron más rápido en las últimas dos décadas: la tercera pasó de 5.5 millones en 1994 a 13.9 millones en 2024, un cambio que refleja el envejecimiento del flujo migratorio histórico y la consolidación de comunidades arraigadas.
El perfil socioeconómico difiere de modo notable según el segmento. El Anuario reporta que el salario promedio anual de los hombres mexicanos en Estados Unidos se ubicó en 61,218 dólares y el de las mujeres en 46,433 dólares, con una brecha de 24 % atribuible a diferencias de sector, antigüedad y formalidad. La heterogeneidad por escolaridad es mayor: las personas con estudios profesionales o de posgrado percibieron en promedio 71,000 dólares anuales en 2024, mientras que quienes cuentan con educación secundaria o menos recibieron alrededor de 36,000 dólares. Estos rangos definen, en la práctica, la capacidad de envío de remesas y la respuesta del flujo a choques regulatorios.
Aproximadamente uno de cada tres migrantes de primera generación carece de estatus legal regular. La cifra se mantuvo estable en los reportes del periodo 2023-2024, pero la población indocumentada es la más expuesta tanto a operativos migratorios como al nuevo régimen tributario sobre transferencias en efectivo.
Movimientos transfronterizos: el cambio de 2025
Los registros administrativos de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) muestran un colapso en el número de encuentros con personas en situación irregular en la frontera sur. En enero de 2025 se contabilizaron 61,465 encuentros, una reducción de 65.1 % respecto a enero de 2024. Tras la toma de posesión, la cifra cayó a 11,709 en febrero —81 % menos que el mes previo— y se mantuvo por debajo de 10,000 mensuales durante el resto del año fiscal. El acumulado del año fiscal 2025 sumó 237,538 encuentros, frente a 1.5 millones del año fiscal 2024, una contracción de 84.5 %.
Tres factores explican la trayectoria. Primero, la cancelación del programa de asilo en la frontera sur y el despliegue de aproximadamente 1,500 efectivos militares adicionales. Segundo, el efecto disuasivo de operativos de detención en territorio estadounidense que ampliaron la percepción de riesgo. Tercero, la cooperación bilateral con México en materia de contención del tránsito por su territorio, que intensificó los aseguramientos en la frontera sur mexicana.
En sentido inverso, las repatriaciones de personas mexicanas se elevaron. De acuerdo con boletines de la Unidad de Política Migratoria, entre el 20 de enero de 2025 y el 18 de marzo de 2026 México recibió 189,830 connacionales bajo la nueva estrategia migratoria estadounidense, de los cuales 35,758 ingresaron por vía aérea con aterrizajes principalmente en Villahermosa y Tapachula. Es relevante notar, no obstante, que el número anual de eventos de repatriación de mexicanos durante 2025 fue de cerca de 160,000, cifra 22.3 % menor que los 206,000 registrados en 2024, dado que el cambio se concentró en perfiles más selectivos y en operativos al interior del territorio estadounidense.
Remesas: récord, ajuste y nuevo régimen tributario
El flujo de remesas hacia México alcanzó un máximo histórico de 64,745 millones de dólares en 2024, equivalente a 3.5 % del producto interno bruto nacional, según los reportes mensuales de Banxico y la consolidación realizada por el Anuario de Migración y Remesas 2025. El monto promedio por envío permaneció en 393 dólares y el costo promedio para remitir 100 dólares cayó de 12.69 dólares en 1999 a 4.47 dólares en 2024, lo que reflejó la digitalización del corredor y la presión competitiva sobre los operadores tradicionales.
El año 2025 marcó un punto de inflexión. Las remesas anuales totalizaron 61,791 millones de dólares, una caída de 4.6 % en términos nominales, con descensos interanuales en nueve de los doce meses. Diciembre cerró con un repunte de 1.9 % y un monto de 5,322 millones de dólares. La trayectoria se invirtió en el primer trimestre de 2026: el ingreso por remesas sumó 14,457 millones de dólares (1.4 % más que en el mismo periodo de 2025) y el mes de marzo registró 5,394 millones, máximo histórico para un tercer mes de calendario. Banxico atribuye la mayor parte del repunte a un efecto anticipo: los remitentes elevaron transitoriamente sus envíos antes de la entrada en vigor del nuevo gravamen estadounidense.
Ese gravamen es la novedad regulatoria más relevante del corredor en una década. La One Big Beautiful Bill Act aprobada en julio de 2025 fijó un impuesto del 1 % sobre remesas remitidas en efectivo, mediante giros postales, cheques de caja u otros instrumentos físicos similares. Las transferencias electrónicas desde cuentas bancarias estadounidenses quedaron exentas. La tasa final fue inferior a la propuesta original de 5 % gracias a un proceso legislativo que excluyó depósitos electrónicos y endureció el umbral de aplicabilidad. Estimaciones públicas reseñadas por la prensa económica colocan la recaudación esperada por el corredor mexicano entre 250 y 294 millones de dólares anuales. Más relevante que la magnitud fiscal es el incentivo a la sustitución hacia canales electrónicos: durante 2025, las remesas en efectivo representaron 49.6 % del total y los depósitos en cuenta 50.4 %, una proporción que probablemente se incline hacia la transferencia digital en los próximos trimestres.
Impacto territorial y dependencia estatal
La concentración geográfica de las remesas amplifica su efecto sobre los mercados laborales locales. El Anuario 2025 documenta que cinco entidades del sur y el centro-occidente concentran los niveles más altos de dependencia respecto al producto interno bruto estatal.
| Entidad | Remesas como % del PIB estatal (2024) |
|---|---|
| Chiapas | 14.6 % |
| Guerrero | 14.0 % |
| Michoacán | 11.2 % |
| Zacatecas | 10.9 % |
| Oaxaca | 10.3 % |
| Promedio nacional | 3.5 % |
En estos estados, el ingreso laboral local convive con un volumen de transferencias del exterior cuya magnitud rivaliza con el gasto federal descentralizado. La consecuencia inmediata es una elevación del salario de reserva en los hogares receptores, fenómeno documentado en la literatura sobre migración y oferta de trabajo, y un sostenimiento del consumo en regiones cuya estructura productiva no genera empleo formal suficiente. Buena parte del gasto se concentra en alimentación, salud y educación; una porción menor se canaliza al ahorro o a la inversión productiva.
La caída de remesas registrada en 2025 tuvo, por construcción, mayor incidencia relativa en estos estados. Si la trayectoria de 2026 se mantiene en la senda de moderado crecimiento observada en el primer trimestre, el efecto será compensatorio pero asimétrico. El cambio hacia transferencias electrónicas también modifica el alcance del flujo: mientras que en zonas urbanas la disponibilidad de cuentas bancarias y servicios de pago digital es alta, en municipios rurales del sur la cobertura es menor, lo que puede prolongar la liquidación efectiva del envío y trasladar costos al receptor.
Inserción laboral de la población de retorno
La población migrante de retorno representa un componente no trivial del mercado laboral mexicano. El Censo 2020 identificó alrededor de 294,500 personas que reportaron residencia en el extranjero en los cinco años previos, de las cuales 81.6 % se ubicaba en el grupo de 25 a 64 años. Las principales entidades receptoras fueron Jalisco (8.2 %), Baja California (7.4 %), Michoacán (7.3 %) y Guanajuato (6.9 %). Los flujos de repatriación de 2025 y 2026, descritos en la sección anterior, se distribuyen territorialmente con un patrón similar, aunque con un peso adicional en estados fronterizos que concentran las plataformas de recepción.
La inserción laboral de esta población es desfavorable en los primeros meses tras el regreso. La investigación sobre inserción laboral de migrantes internacionales de retorno publicada en Análisis Económico (UAM, 2025) documenta tres hallazgos centrales con base en microdatos de la ENOE y del Censo. Primero, las personas retornadas presentan menores tasas de participación y mayores tasas de desempleo abierto que los no migrantes en sus mismos rangos de edad y escolaridad. Segundo, el ingreso mensual promedio es inferior, con una brecha que persiste varios trimestres y se atenúa, sin desaparecer, conforme avanza la antigüedad del retorno. Tercero, las personas deportadas afrontan condiciones más adversas que quienes regresaron por motivos voluntarios, aunque cuando se incorporan al empleo asalariado tienden a colocarse en posiciones de mayor calidad relativa que las del grupo voluntario.
La interpretación de estos resultados requiere reconocer las limitaciones de la ENOE para captar a la población de retorno reciente. La encuesta no identifica de manera específica el evento de retorno, por lo que las estimaciones se apoyan en módulos complementarios y en datos censales para verificar magnitudes. Aun con esa cautela, la conclusión es robusta: el retorno tiene un costo laboral inicial significativo y desigual entre perfiles de calificación.
El segundo elemento relevante es la presión que el aumento reciente de repatriaciones ejerce sobre los servicios de inserción. El programa “México te abraza” desplegado en estados fronterizos tras la asunción del gobierno estadounidense de 2025 articula apoyos de transporte, identificación, salud y vinculación laboral. La capacidad efectiva del programa para acelerar la reinserción depende, en buena medida, del dinamismo del mercado de trabajo local; en regiones con mayor concentración de retornados —como Tijuana, Ciudad Juárez, Reynosa y Nuevo Laredo— la oferta de empleo en manufactura de exportación ha funcionado como amortiguador parcial.
Lectura comparada: el corredor en perspectiva regional
El corredor Estados Unidos-México concentró 95 % de las remesas que ingresan al país y se mantiene como el flujo bilateral de mayor monto a nivel mundial. La caída de 4.6 % registrada en 2025 contrasta con la trayectoria previa: entre 2014 y 2024 el flujo se duplicó en términos nominales, con tasas anuales de crecimiento de doble dígito en varios años posteriores a la pandemia. La elasticidad del envío respecto al desempleo y al ingreso real de la población migrante en Estados Unidos había mostrado un comportamiento procíclico, pero la combinación de moderación del mercado laboral estadounidense en 2025 y el cambio regulatorio modificó la dinámica.
La comparación regional ofrece tres referencias útiles. El corredor Estados Unidos-Centroamérica registró también moderación en 2025, con caídas anuales menos pronunciadas en países donde la digitalización del envío estaba más avanzada. Filipinas e India mostraron tasas de crecimiento positivas durante el mismo periodo, alimentadas por corredores de Medio Oriente y Europa. La relativa concentración mexicana en un único corredor implica una vulnerabilidad estructural que las estrategias de diversificación, todavía incipientes, no han neutralizado.
Conclusiones
- El cambio de política migratoria estadounidense produjo en 2025 una contracción de 84.5 % en los encuentros fronterizos y un crecimiento del retorno: cerca de 190,000 mexicanos regresaron al país entre enero de 2025 y marzo de 2026 bajo la nueva estrategia.
- Las remesas cerraron 2025 en 61,791 millones de dólares, una caída de 4.6 % respecto al máximo de 2024, y repuntaron en el primer trimestre de 2026 con 14,457 millones, en parte por un efecto anticipo asociado al nuevo gravamen estadounidense.
- El impuesto del 1 % sobre remesas en efectivo desde Estados Unidos entró en vigor en enero de 2026 con efectos limitados sobre la recaudación y un incentivo claro a la sustitución hacia transferencias electrónicas.
- La dependencia respecto a las remesas se concentra en cinco entidades del sur y centro-occidente, donde el flujo equivale a entre 10.3 % y 14.6 % del PIB estatal, frente a 3.5 % a nivel nacional.
- La inserción laboral de la población de retorno es desfavorable en los primeros meses, con menores tasas de participación, mayor desempleo y menor ingreso, según evidencia académica reciente con microdatos de la ENOE y del Censo.
- La diáspora mexicana mantuvo una composición heterogénea por generación, escolaridad e ingreso, con 12.7 millones de migrantes de primera generación y un crecimiento sostenido de la segunda y tercera generaciones, factor que ancla el flujo de remesas más allá de los choques migratorios coyunturales.
El balance del bienio 2025-2026 sugiere que el vínculo entre migración y mercado laboral mexicano dejó de ser un fenómeno puramente expansivo y entró en una fase de ajuste con mayor presencia del componente de retorno. La sostenibilidad del corredor de remesas, la calidad del empleo en regiones de alta dependencia y la capacidad de absorción de la población repatriada serán los tres ejes que determinen el alcance del nuevo ciclo.