Mercados Laborales

Participación laboral femenina en México: estancamiento estructural y arquitectura de cuidados en 2026

Análisis del estancamiento de la participación laboral femenina con cifras de ENOE 2025-2026, ENUT 2024 y el Anexo Transversal 31 del PEF 2026.

ENOE ENUT Mujeres Cuidados OCDE
Por Estructura

Contexto

La participación laboral femenina constituye uno de los rezagos más persistentes de la economía mexicana. Mientras la matrícula universitaria de mujeres superó a la de hombres hace más de una década y la escolaridad promedio del país continúa al alza, la proporción de mujeres económicamente activas se mantiene en niveles cercanos a los observados a inicios de los años dos mil. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que levanta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 publicada en agosto de 2025 y el Anexo Transversal 31 incorporado por primera vez al Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 ofrecen, en conjunto, un diagnóstico inédito sobre tres dimensiones que se retroalimentan: la magnitud cuantitativa del estancamiento, la economía invisible que lo sostiene y la arquitectura presupuestaria que el Estado mexicano comienza a desplegar en torno al sistema de cuidados.

El presente texto integra los indicadores oficiales disponibles a mayo de 2026, los pronunciamientos recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y los análisis de centros como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) y el Banco Mundial, con el propósito de identificar los puntos donde el diseño institucional encuentra mayor fricción.

Magnitud del estancamiento: ENOE 2025-2026

La brecha en cifras

Los boletines mensuales de la ENOE publicados a inicios de 2026 ubicaron la Tasa de Participación Laboral (TPL) de mujeres de 15 años y más en alrededor de 46 por cada 100, frente a una participación masculina cercana a 75 por cada 100 personas. La brecha de participación se situó en 28.6 puntos porcentuales en el corte de marzo de 2026, una distancia que se ha movido muy poco a lo largo del último ciclo económico. En el cuarto trimestre de 2025 la población ocupada femenina sumó 24.5 millones de personas, mientras la masculina alcanzó 35.3 millones.

El INEGI también documenta una asimetría estructural en la condición de no participación: 29.8 millones de mujeres mayores de 15 años se encuentran fuera de la Población Económicamente Activa, frente a 12.3 millones de hombres en la misma situación. La diferencia —más del doble— se concentra en quienes reportan dedicarse principalmente al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado dentro del propio hogar, lo cual sugiere que el cuello de botella reside fuera del mercado laboral más que en variables tradicionalmente asociadas al desempleo abierto.

Lecturas alternativas: medición OCDE

La OCDE, en la nota país de México del Employment Outlook 2025 publicada en julio de 2025, reportó una tasa de participación laboral femenina cercana al 51 por ciento al primer trimestre de 2025, ligeramente por debajo del 51.7 por ciento observado un año antes. La diferencia respecto a las cifras del INEGI obedece principalmente al rango etario utilizado por la OCDE —15 a 64 años— y al tratamiento de algunas categorías de trabajo familiar no remunerado.

IndicadorMéxicoPromedio OCDEPromedio América Latina
Tasa de participación femenina 15-64 años (2025)51.2%67.1%52.1%
Brecha de género en participación (puntos porcentuales)30.113.5 (referencia 55-64)n/d

La nota subraya dos puntos sensibles. El primero es que México, junto con Türkiye e Italia, registra una de las tasas de participación laboral femenina más bajas del bloque. El segundo es que la brecha de empleo entre hombres y mujeres se amplifica entre la población de mayor edad: en el rango de 55 a 64 años se ubica en 35.8 puntos porcentuales, muy por encima del promedio OCDE de 13.5 puntos. El organismo estimó, además, que el cierre del diferencial de género podría elevar el PIB per cápita mexicano entre 0.3 y 0.6 puntos porcentuales adicionales en escenarios de simulación de mediano plazo.

Trabajo no remunerado: la economía invisible

Distribución del tiempo

La ENUT 2024 fue declarada por el INEGI como Información de Interés Nacional, lo que la incorpora formalmente al Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica. Sus resultados precisan la dimensión de la asimetría: en 2024 las mujeres dedicaron 39.7 horas semanales en promedio al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, frente a 18.2 horas reportadas por los hombres, una diferencia de 21.5 horas. Visto en términos relativos, las mujeres destinaron 66.8 por ciento del tiempo total de trabajo a actividades no remuneradas y los hombres, 33.2 por ciento.

El reporte también documentó que 97.3 por ciento de la población de 12 años y más realiza alguna actividad de trabajo doméstico para el propio hogar y que 67.8 por ciento dedica tiempo a tareas de cuidado para integrantes del grupo familiar. La tasa de participación en actividades de cuidados resultó 6.7 puntos porcentuales más alta entre las mujeres que entre los hombres, una distancia menor que la observada en la intensidad del tiempo dedicado.

Cuenta Satélite y valor económico

La Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares (CSTNRHM), construida sobre la metodología armonizada del Sistema de Cuentas Nacionales, calculó que en 2024 el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados ascendió a 8 billones de pesos a precios corrientes, equivalentes a 23.9 por ciento del Producto Interno Bruto. Las mujeres aportaron 72.6 por ciento de ese monto y los hombres 27.4 por ciento.

La cifra coloca al trabajo no remunerado de cuidados como la actividad económica de mayor magnitud relativa del país, por encima de la industria manufacturera, el comercio y los servicios financieros. Su característica distintiva es que ese valor no se traduce en ingresos monetarios para quienes lo realizan ni se contabiliza para efectos de cotización a la seguridad social.

Determinantes estructurales

Penalización por maternidad

La literatura sobre participación laboral femenina en México coincide en identificar una penalización por hijos —child penalty— que se intensifica en los primeros años de vida del menor y persiste a lo largo de la trayectoria. Investigaciones reseñadas por la revista Coyuntura Demográfica de la Sociedad Mexicana de Demografía documentan una brecha por maternidad superior a 20 puntos porcentuales que, contraintuitivamente, resulta mayor en los niveles educativos altos, donde la participación femenina sin hijos es más elevada.

El IMCO, en su análisis publicado en 2025, estimó que aproximadamente seis de cada diez madres trabajadoras se encuentran en condiciones de empleo precario y que por cada padre que sale del mercado laboral hay casi cinco madres que abandonan o reducen su participación. La paternidad, por el contrario, tiende a incrementar la inserción laboral masculina. El marco jurídico de licencia de maternidad —doce semanas establecidas en la Ley Federal del Trabajo desde 1970— permanece sin reformas sustantivas pese a que la participación femenina pasó de niveles inferiores al 20 por ciento en aquella década a los actuales.

Calidad del empleo: informalidad y precariedad

La participación laboral debe leerse junto a la calidad del empleo. De acuerdo con los boletines de la ENOE correspondientes al tercer trimestre de 2025, 55.9 por ciento de las mujeres ocupadas trabajaba en condiciones de informalidad, una proporción superior a la tasa general de 54.8 por ciento. La diferencia se concentra en el comercio al menudeo, el trabajo doméstico remunerado y servicios personales, ramas donde la cobertura de seguridad social ha avanzado mucho menos que en la manufactura formal.

La informalidad de las mujeres tiene además un componente sobrerrepresentado de subocupación y de jornadas parciales involuntarias, lo cual reduce no solo la cobertura ante riesgos sino también la densidad de cotización con la que llegan a la fase de retiro, una dimensión que ya se documentó en análisis previos sobre la brecha pensionaria.

Cohortes y escolaridad

Las generaciones más jóvenes de mujeres han ampliado significativamente su escolaridad: el IMCO, en su revisión histórica Mujer en la Economía: 100 años de datos, registró el cierre de la brecha de matrícula universitaria y el liderazgo femenino en varias áreas del conocimiento. Sin embargo, la mayor escolaridad no se ha traducido en aumentos proporcionales de la participación laboral, lo cual es consistente con la persistencia del techo de cuidados. La penalización por maternidad explica una parte significativa del fenómeno y revela que las decisiones de ingreso al mercado laboral se acotan, en buena medida, por restricciones que escapan al ámbito del contrato individual.

El Anexo Transversal 31 y el Sistema Nacional de Cuidados

Arquitectura presupuestaria 2026

El Paquete Económico para el ejercicio fiscal 2026 incorporó, por primera vez, el Anexo Transversal Presupuestario 31, destinado a la consolidación del Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados. Las cifras reportadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y sistematizadas por el CIEP identifican un monto de 466 mil millones de pesos para 2026, equivalentes al 4.6 por ciento del presupuesto total y al 1.2 por ciento del PIB. El anexo agrupa los recursos, programas y servicios vinculados al cuidado bajo un esquema de 27 instituciones y 47 programas presupuestales.

Desde enero de 2025 opera una Mesa de Coordinación Interinstitucional con 22 dependencias federales, con cuatro objetivos formales: establecer un marco común de entendimiento sobre el sistema, articular esfuerzos para evitar duplicidades, diagnosticar la situación actual del cuidado y transversalizar la perspectiva en toda la acción de gobierno. En el plano operativo, el Gobierno Federal lanzó la plataforma SIDECU para mapear los servicios de cuidado existentes en el territorio nacional.

Aproximadamente 68 por ciento de la inversión del anexo se concentra en un conjunto acotado de programas emblemáticos: Pensión Mujeres Bienestar, Salud Casa por Casa, Madres Trabajadoras, Beca Rita Cetina, Pensión para Personas con Discapacidad, Pensión para Adultos Mayores y los Centros de Cuidado Infantil (CECIs).

Brechas entre presupuesto y política integral

El CIEP, en el boletín del 29 de octubre de 2025, advirtió que la magnitud del anexo no equivale a una política integral. Los programas presupuestarios cuyos objetivos están directamente vinculados al cuidado suman 38 mil 596 millones de pesos en 2026, una cifra 18.6 por ciento inferior a la observada el año previo a consecuencia de recortes y fusiones de programas clave. El instituto caracterizó al anexo como un ejercicio contable de agrupación de programas existentes que no implica financiamiento adicional ni la construcción de una estrategia articulada de oferta pública de servicios de cuidado.

El IMCO, por su parte, ha sostenido que el cierre de la brecha de participación de 46 a 67 por ciento —en línea con el promedio OCDE— requeriría incorporar a 18.6 millones de mujeres adicionales al mercado laboral, lo cual podría traducirse en un incremento del PIB nacional cercano a 6.9 billones de pesos. La cifra se construye bajo supuestos de productividad sectorial promedio y subraya la magnitud del costo de oportunidad económico asociado al estancamiento. Estimaciones complementarias señalan que 31.6 millones de personas brindan cuidados sin remuneración en el país, de las cuales tres de cada cuatro son mujeres.

Conclusiones

  1. El estancamiento es estructural y multifuente. Las cifras de la ENOE 2025-2026 muestran que la tasa de participación laboral femenina se mantiene en torno a 46 de cada 100 mujeres en edad de trabajar, con una brecha de 28.6 puntos porcentuales frente a los hombres, y la medición OCDE para la población de 15 a 64 años ubica al país entre los rezagos más severos del bloque.

  2. El trabajo no remunerado es la economía invisible que sostiene la brecha. La ENUT 2024 documenta una diferencia de 21.5 horas semanales en trabajo doméstico y de cuidados entre mujeres y hombres, y la Cuenta Satélite estima que esa actividad equivale al 23.9 por ciento del PIB, con una contribución femenina del 72.6 por ciento.

  3. La penalización por maternidad y la informalidad explican la baja calidad del empleo femenino. Más de la mitad de las mujeres ocupadas trabaja en la informalidad y la maternidad opera como un punto de quiebre laboral más severo en niveles educativos altos, sin que el marco jurídico de licencias y permisos haya evolucionado al ritmo de la incorporación femenina.

  4. El Anexo Transversal 31 introduce contabilidad, pero no aún una política integral. Los 466 mil millones de pesos identificados para 2026 son el primer ejercicio sistemático de visibilización presupuestaria del cuidado, pero el monto vinculado directamente a programas de cuidado disminuyó 18.6 por ciento respecto a 2025 y el conjunto se sostiene mayoritariamente en transferencias monetarias preexistentes.

  5. El costo de oportunidad es elevado. El cierre de la brecha hasta el promedio OCDE requeriría incorporar cerca de 18.6 millones de mujeres adicionales al mercado laboral, una magnitud que sugiere que la política de cuidados no es solo una agenda de equidad sino un componente central de productividad de mediano plazo.

La consolidación de un sistema integral de cuidados —que combine oferta pública de servicios, licencias parentales actualizadas, infraestructura de cuidado infantil y de personas mayores, y una arquitectura de cotización que reconozca el trabajo no remunerado— constituye, a la luz de las cifras de 2025 y 2026, la palanca más concreta para mover una variable que la economía mexicana lleva más de dos décadas sin desplazar.

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