Salario mínimo en México: balance de la recuperación 2019-2026
Trayectoria del salario mínimo mexicano entre 2019 y 2026, su impacto en el empleo formal, la informalidad, la pobreza laboral y la Zona Libre de la Frontera Norte.
Contexto
El salario mínimo mexicano vivió entre 2019 y 2026 la transformación más profunda de las últimas cuatro décadas. Tras un periodo prolongado en que su monto perdió capacidad de compra y dejó de operar como referente real del mercado de trabajo, la política de recuperación impulsada desde finales de 2018 se tradujo en incrementos nominales de doble dígito durante ocho años consecutivos. El resultado, documentado por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y por estudios académicos publicados en El Trimestre Económico, es un salario mínimo que más que duplicó su poder adquisitivo y dejó de ubicarse en el último lugar de América Latina.
La discusión, sin embargo, está lejos de cerrarse. La evidencia disponible permite evaluar tres dimensiones distintas: el impacto sobre el empleo formal e informal, el efecto sobre la distribución salarial y la pobreza, y el experimento natural que representa la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN). El presente artículo ofrece un balance con las cifras oficiales más recientes y los principales hallazgos de la literatura empírica.
Trayectoria nominal y real, 2019-2026
La política de recuperación se inició en enero de 2019 con un alza de 16.2 % en el salario mínimo general y la creación de la ZLFN, donde el monto se duplicó de un año a otro. Desde entonces, la CONASAMI fijó incrementos anuales sin interrupción. La metodología consolidada incluye dos componentes: un Monto Independiente de Recuperación (MIR) en pesos absolutos, sumado al salario vigente, y un factor porcentual de fijación que para varios años se mantuvo en 6.5 %. El MIR se diseñó para no servir de referencia en negociaciones colectivas y, por tanto, para no presionar mecánicamente la estructura salarial superior.
| Año | SM general (pesos diarios) | SM ZLFN (pesos diarios) | Incremento nominal general |
|---|---|---|---|
| 2019 | 102.68 | 176.72 | 16.2 % |
| 2020 | 123.22 | 185.56 | 20 % |
| 2021 | 141.70 | 213.39 | 15 % |
| 2022 | 172.87 | 260.34 | 22 % |
| 2023 | 207.44 | 312.41 | 20 % |
| 2024 | 248.93 | 374.89 | 20 % |
| 2025 | 278.80 | 419.88 | 12 % |
| 2026 | 315.04 | 440.87 | 13 % |
En términos reales, la STPS reportó que al 1 de enero de 2025 el poder adquisitivo del salario mínimo se había recuperado 135 % respecto a 2018. Con el incremento de 13 % aprobado para 2026, ese acumulado pasó a 154 % a nivel nacional, según los comunicados oficiales del proceso de fijación. La asimetría territorial se profundizó: en la frontera norte, la recuperación real acumulada superó el 250 %, mientras que el resto del país avanzó alrededor de 134 %. La diferencia se explica tanto por la magnitud del salto inicial de 2019 en la ZLFN como por su trayectoria posterior.
Composición del incremento: MIR y factor por fijación
El instrumento que distingue al ciclo reciente es el MIR. La resolución de la CONASAMI publicada en el Diario Oficial de la Federación a finales de 2024 fijó para 2025 un MIR de 12.85 pesos diarios para el salario mínimo general y de 19.36 pesos para la ZLFN, sumados a un incremento por fijación de 6.5 %. La interacción de ambos componentes produjo el aumento global de 12 % para ese ejercicio. Para 2026, la CONASAMI elevó el MIR del salario mínimo general a 17.01 pesos —además de mantener el incremento por fijación de 6.5 %— para alcanzar el alza global de 13 % en la zona general. En la frontera norte, el ritmo se moderó hasta 5 %, con el objetivo declarado de evitar tensiones competitivas en la franja maquiladora.
El diseño en dos componentes responde a la lógica de separar la recuperación del rezago histórico (vía MIR) del ajuste de mercado por inflación y productividad (vía factor de fijación). En la práctica, durante los primeros años del ciclo el MIR concentró la mayor parte del aumento, mientras que en 2025 y 2026 ganó peso relativo el componente por fijación. La proporción exacta depende del año y de la zona geográfica.
Empleo formal: la evidencia administrativa
La preocupación clásica frente a aumentos sostenidos del salario mínimo es su impacto sobre el empleo. La literatura mexicana reciente, basada principalmente en los registros administrativos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), no ha encontrado efectos negativos relevantes durante el periodo 2018-2024. El estudio publicado en El Trimestre Económico sobre el efecto del salario mínimo en el empleo en ese intervalo concluye, mediante métodos de control sintético y diferencias en diferencias, que las políticas salariales implementadas no produjeron contracción del empleo formal, ni a nivel agregado ni en sectores intensivos en mano de obra de bajos salarios.
Banco de México, en su documento de investigación sobre el salario mínimo en los sectores formal e informal, ofrece un matiz cuantitativo. Estima que una mayor incidencia del salario mínimo —es decir, un mayor porcentaje de trabajadores que perciben justamente el mínimo o cifras cercanas— de 10 puntos porcentuales se asocia con una caída del empleo formal de 0.5 a 1 puntos porcentuales. La elasticidad es modesta y, en el contexto reciente, ha sido más que compensada por la dinámica del mercado laboral. El propio análisis subraya que no se observó un desplazamiento de trabajadores hacia el sector informal después de los choques al salario mínimo real, hallazgo que contradice la hipótesis tradicional de informalización.
Otro indicador relevante es la relación entre el salario mínimo y el salario promedio cotizado al IMSS. Diversas estimaciones publicadas durante 2024 ubican esa razón en torno a 45 %, el nivel más alto en aproximadamente 36 años. Aunque la cifra no implica por sí misma un desincentivo al empleo, sí señala que el piso salarial volvió a operar como referencia significativa de la estructura de ingresos formales.
Sector informal y efecto faro
El salario mínimo en México afecta directamente a los trabajadores formales —cuyos contratos no pueden retribuir por debajo del piso legal— pero su influencia se extiende también al sector informal a través del llamado efecto faro. La investigación sobre la estructura salarial mexicana, publicada en El Trimestre Económico en 2020, documenta que los incrementos al salario mínimo se reflejan casi uno a uno en los primeros cinco quintiles de la distribución salarial y, en promedio, hasta el decil diez al comparar zonas tratadas con zonas de control. El piso legal, en otras palabras, ancla las negociaciones salariales informales y traslada parte de su incremento a quienes operan al margen del IMSS.
Esa transmisión es relevante en un país donde la tasa de informalidad laboral medida por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) supera el 54 % de la población ocupada. Si los aumentos del salario mínimo no llegaran a los trabajadores informales, la política perdería gran parte de su impacto distributivo. La evidencia sugiere lo contrario: los analistas consultados por la prensa especializada en torno a la fijación del salario mínimo para 2026 coinciden en que las alzas se trasladan de manera parcial pero perceptible a la economía informal, donde se concentra una parte sustantiva del rezago histórico de ingresos.
La Zona Libre de la Frontera Norte como experimento natural
La creación de la ZLFN en 2019 constituye uno de los experimentos naturales más relevantes para evaluar el impacto del salario mínimo. La medida elevó el monto en 43 municipios fronterizos a un nivel sustancialmente mayor que en el resto del país, manteniendo el régimen general como zona de control. La Dirección Técnica de la CONASAMI aplicó controles sintéticos y diferencias en diferencias para estimar el efecto del cambio sobre el empleo y los salarios promedio cotizados al IMSS.
Los resultados de la evaluación oficial se pueden resumir en tres puntos. Primero, no se identificó un efecto negativo significativo sobre el empleo formal en la zona tratada durante los primeros años. Segundo, el salario promedio del sector manufacturero registró un incremento estadísticamente significativo de 4.4 % en el primer cuatrimestre de 2019 atribuible al aumento del salario mínimo. Tercero, el efecto se concentró desproporcionadamente en grupos vulnerables: para personas de 15 a 24 años, la mejora del salario promedio se estimó en 9.2 %.
Datos posteriores muestran que la brecha entre las dos zonas se mantiene. En 2026, el salario mínimo en la ZLFN equivale a 1.40 veces el del resto del país, y los trabajadores formales de la franja fronteriza perciben en promedio cerca de 6.7 % más que sus pares del régimen general, según las estimaciones derivadas de la evaluación. La heterogeneidad regional, lejos de erosionarse, se ha consolidado como rasgo estructural del sistema mexicano de salarios mínimos.
Distribución del ingreso y pobreza laboral
El alcance distributivo del incremento ha sido uno de los hallazgos más comentados. Estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) referidas al periodo 2018-2022 indican que de los 5.1 millones de personas que dejaron la pobreza durante esos años, alrededor de 4.1 millones lo hicieron por la trayectoria del ingreso laboral, asociada en buena medida a la política de recuperación del salario mínimo. La transmisión opera por dos canales: el aumento directo del salario base y el efecto faro sobre los segmentos cercanos al mínimo.
El indicador trimestral más actualizado, el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza con Intervalos de Salarios (ITLP-IS) del CONEVAL, muestra al mismo tiempo que el avance no ha sido lineal. Entre el tercer y el cuarto trimestre de 2024, la pobreza laboral nacional aumentó 0.3 puntos, de 35.1 % a 35.4 %, y el ingreso laboral real per cápita cayó 1.5 % frente al trimestre previo. La caída fue mayor en el ámbito rural —donde la pobreza laboral pasó de 48.5 % a 50.7 %— que en el urbano. La fragilidad del avance se asocia a la moderación del ritmo de aumento nominal del salario mínimo en 2025 y 2026, así como a la presión inflacionaria sobre la canasta alimentaria.
Otro contraste relevante es con los salarios profesionales. Reportes de prensa económica basados en la ENOE estiman que entre 2018 y 2025 los salarios reales de personas con licenciatura crecieron 0.07 % en promedio anual y los de posgrado disminuyeron 0.43 % anual, mientras la inflación promedió 4.8 %. La política de recuperación del salario mínimo comprimió la estructura salarial mexicana al elevar la base sin trasladarse mecánicamente a los segmentos altos de la distribución.
Lectura comparada
La trayectoria mexicana también modificó el lugar relativo del país en América Latina. Mediciones oficiales de la STPS y del propio Gobierno de México señalan que entre 2018 y 2024 el salario mínimo del país pasó de la última posición regional a la sexta. La comparación cualitativa debe matizarse porque depende del tipo de cambio aplicado y de la canasta utilizada para deflactar, pero la dirección del cambio es inequívoca.
Organizaciones como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) han subrayado los riesgos potenciales de sostener el ritmo. Su nota informativa de diciembre de 2021 advertía que la política puede operar como herramienta efectiva de reducción de la pobreza en contextos de crecimiento sólido y baja inflación, pero que en escenarios de bajo dinamismo y precios al alza puede traducirse en presiones inflacionarias o en pérdida de competitividad. La moderación del incremento general en 2025 y 2026 parece responder, al menos parcialmente, a esa lectura.
Conclusiones
- Entre 2019 y 2026, el salario mínimo mexicano más que triplicó su monto nominal y duplicó con creces su poder adquisitivo, con una recuperación real acumulada cercana a 154 % a nivel nacional y por encima de 250 % en la Zona Libre de la Frontera Norte.
- La evidencia administrativa basada en registros del IMSS no detecta efectos negativos relevantes sobre el empleo formal. Banco de México documenta una elasticidad modesta y descarta un desplazamiento sistemático hacia la informalidad.
- El efecto faro extiende el impacto al sector informal, con transmisión casi uno a uno a los primeros quintiles de la distribución salarial y atenuada hasta el decil superior.
- La Zona Libre de la Frontera Norte funcionó como experimento natural exitoso: incrementos salariales significativos para grupos vulnerables sin contracción del empleo, según la evaluación oficial de la CONASAMI.
- El alcance distributivo es real pero frágil. CONEVAL atribuye buena parte de la salida de pobreza 2018-2022 a la política salarial, pero el ITLP-IS de 2024 muestra retrocesos parciales asociados a la inflación y a la moderación reciente del ritmo de aumento.
- El diseño en dos componentes —MIR más factor por fijación— permitió combinar recuperación histórica con ajuste de mercado, y la moderación a 12 % y 13 % en 2025 y 2026 sugiere un cambio de fase hacia un ritmo sostenible.
El balance del ciclo 2019-2026 es positivo en términos de objetivos declarados: el salario mínimo dejó de ser un piso simbólico y volvió a operar como instrumento de política de ingresos. La sostenibilidad de la recuperación dependerá de la combinación entre dinamismo económico, control inflacionario y la capacidad de la negociación tripartita para calibrar futuros incrementos sin erosionar los avances acumulados.