SIEFOREs generacionales: balance del modelo de ciclo de vida a seis años
Análisis del modelo target date adoptado por el SAR en diciembre de 2019: glide path, régimen de inversión, desempeño y retos pendientes a 2026.
Contexto
El 13 de diciembre de 2019, las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) comenzaron a invertir los recursos de los trabajadores afiliados al Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) bajo un esquema distinto al que había operado durante una década y media. La Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), mediante modificaciones a las Disposiciones de carácter general en materia financiera publicadas en el Diario Oficial de la Federación, sustituyó las cinco SIEFOREs Básicas organizadas por rangos amplios de edad por diez SIEFOREs Generacionales, agrupadas en cohortes quinquenales de año de nacimiento. El cambio formalizó la adopción del modelo internacionalmente conocido como target date fund o fondo de ciclo de vida, característico de los planes de pensión privados en Estados Unidos y de las administradoras chilenas desde la reforma de 2008.
A seis años de su implementación, las Siefores generacionales operan como el vehículo central del sistema contributivo mexicano: concentran los recursos individuales de más de 76.9 millones de cuentas administradas por las diez Afores autorizadas y absorben las aportaciones obligatorias que, tras la reforma pensionaria de 2020, escalarán de manera gradual hasta alcanzar el 15 por ciento del salario base de cotización en 2030. La transición regulatoria de octubre de 2024 amplió los límites del régimen de inversión y permitió mayor exposición a activos de largo plazo. El balance del modelo a 2026 ofrece una primera lectura analítica del cumplimiento de sus objetivos originales.
El cambio de modelo: de SIEFOREs Básicas a Generacionales
Diseño del esquema previo
Hasta 2019, los recursos de los trabajadores se asignaban a una de cinco SIEFOREs Básicas según un criterio de edad agregada: la SB4 para trabajadores de 36 años o menos, la SB3 para personas entre 37 y 45, la SB2 para el rango de 46 a 59 años, la SB1 para quienes tenían entre 60 y 65 y la SB0 para trabajadores en proceso de retiro. Cada SIEFORE Básica operaba bajo un régimen de inversión propio con límites diferenciados de renta variable, deuda y otros instrumentos.
El esquema funcionaba como un sistema de escalones. Al cumplir la edad de corte, el ahorro del trabajador se transfería íntegramente de una SIEFORE a la siguiente, lo que producía un cambio abrupto en el perfil de riesgo de la cartera. En la práctica, ese rebalanceo discrecional —concentrado en pocos momentos del ciclo de vida y aplicado de manera uniforme dentro de cada grupo de edad— se identificaba como una fuente de fricciones operativas y de ineficiencia financiera, en particular cuando el corte coincidía con periodos de volatilidad de mercado.
Las diez Siefores Generacionales
La reforma sustituyó esa lógica por una clasificación basada en el año de nacimiento del trabajador. El esquema agrupó al universo de cuentahabientes en diez cohortes: una SIEFORE Inicial para los nacidos a partir de 1990, ocho fondos quinquenales (1985-1989, 1980-1984, 1975-1979, 1970-1974, 1965-1969, 1960-1964, 1955-1959 y 1950-1954) y una SIEFORE de Pensión para quienes se encuentran cerca o más allá del retiro. Cada cohorte permanece en su SIEFORE durante toda la vida laboral y dentro del mismo fondo se ajusta gradualmente la composición de la cartera conforme avanza el tiempo, en una trayectoria suavizada de reducción de riesgo conocida como glide path.
La diferencia respecto al modelo anterior es estructural. En el modelo de SIEFOREs Básicas el riesgo se reducía mediante el traslado del trabajador entre fondos; en el modelo generacional, el riesgo se reduce dentro del mismo fondo, sin reasignación de saldos. La consecuencia técnica es que las operaciones de venta y compra masiva de activos asociadas a los cumpleaños de corte desaparecen, y el rebalanceo se distribuye en plazos largos y de manera continua.
| Característica | SIEFOREs Básicas (hasta 2019) | SIEFOREs Generacionales (desde 2019) |
|---|---|---|
| Número de fondos | 5 | 10 |
| Criterio de asignación | Edad actual del trabajador | Año de nacimiento |
| Movimiento entre fondos | Sí, al cumplir edades de corte | No durante la vida laboral |
| Ajuste de riesgo | Escalonado, entre SIEFOREs | Continuo, dentro de la SIEFORE |
| Lógica regulatoria | Límites por SIEFORE | Trayectoria suavizada por cohorte |
Glide path y régimen de inversión
La trayectoria de riesgo
El régimen de inversión vigente define para cada SIEFORE generacional un perfil objetivo de exposición a renta variable, instrumentos estructurados, activos denominados en divisas y demás clases de inversión. La regulación establece bandas que se contraen a lo largo del tiempo, de tal forma que los cuentahabientes más jóvenes —cuyo horizonte de retiro se mide en décadas— operan con la mayor proporción admisible de activos de riesgo, y los próximos a la jubilación se concentran en instrumentos de menor volatilidad.
En la práctica, las cohortes más jóvenes pueden destinar la mayor parte de su cartera a renta variable nacional e internacional, mercancías y vehículos estructurados, mientras las cohortes próximas al retiro mantienen una mayoría sustantiva en deuda gubernamental y corporativa de plazos relativamente cortos. La trayectoria se aplica de manera prospectiva, lo que en términos académicos corresponde a un glide path “to retirement” más que “through retirement”: la trayectoria continúa hasta la fecha objetivo, pero no se reabre a mayor riesgo durante la fase de desacumulación, que en México corresponde principalmente a las modalidades de renta vitalicia o retiro programado contratadas con aseguradoras o con la propia Afore.
Actualización de octubre de 2024
El 25 de octubre de 2024, CONSAR publicó una modificación amplia al régimen de inversión cuya finalidad expresa, según el comunicado de la propia comisión, fue acompañar el crecimiento de los recursos administrados tras la reforma de 2020 y aprovechar el espacio abierto por la reforma a la Ley del Mercado de Valores de 2023. Los cambios principales fueron:
- Elevación del límite a instrumentos estructurados —que incluye Certificados de Capital de Desarrollo (CKD) y Certificados Bursátiles Fiduciarios de Proyectos de Inversión (Cerpi)— del 20 al 30 por ciento de los activos administrados.
- Aumento del límite a Fideicomisos de Infraestructura y Bienes Raíces (FIBRAs) hasta 12.5 por ciento, en respuesta a la demanda de espacios industriales y comerciales en el contexto del nearshoring.
- Armonización de los límites de instrumentos denominados en divisas con la trayectoria de otros activos.
- Ajuste de los límites del Diferencial del Valor en Riesgo Condicional (DCVaR), métrica utilizada para acotar la exposición a renta variable en función del riesgo de cola.
- Incorporación de la figura de emisora simplificada, derivada de la reforma a la LMV, que amplía el universo de instrumentos elegibles para diversificación.
La actualización no transformó la lógica del modelo generacional, pero amplió el espacio en el que cada SIEFORE puede operar su glide path. En particular, el incremento del techo a estructurados pretende canalizar más recursos a inversión productiva de largo plazo —infraestructura, capital privado, energía y bienes raíces industriales—, una asignación que la literatura económica suele asociar con primas de retorno superiores a las que ofrecen los mercados líquidos de bonos gubernamentales.
Cartera observada
Los reportes públicos de cartera muestran que, pese a la ampliación regulatoria, la composición efectiva del sistema se mantiene relativamente conservadora. La deuda gubernamental nacional concentra alrededor de la mitad de los recursos. La deuda privada nacional, próxima a 15 por ciento. La renta variable internacional, en torno a 12 por ciento, y la nacional, en niveles menores. Los instrumentos estructurados —CKDs y Cerpis— representan una fracción cercana a 7.6 por ciento del total administrado, varios puntos por debajo del techo regulatorio del 30 por ciento. La brecha entre el límite y la asignación efectiva refleja, en parte, la oferta limitada de vehículos elegibles que cumplen con los criterios de calificación, gobierno corporativo y reporte exigidos por el régimen, así como la prudencia institucional de las Afores frente a activos de menor liquidez y reporte trimestral.
Desempeño a seis años
Indicador de Rendimiento Neto
El instrumento oficial para evaluar el desempeño del sistema es el Indicador de Rendimiento Neto (IRN), publicado mensualmente por CONSAR. El IRN pondera tres horizontes: el rendimiento de los últimos diez años con un peso de 50 por ciento, el de los últimos cinco años con un peso de 30 por ciento y el de los últimos tres años con un peso de 20 por ciento. La ponderación está diseñada para reflejar consistencia de largo plazo y, por construcción, descuenta las comisiones cobradas por la Afore.
En los cortes de 2026, Profuturo encabeza el ranking del IRN en ocho de las diez SIEFOREs generacionales, con rendimientos netos que oscilan entre 7.22 y 8.06 por ciento anualizados, según la cohorte. Sura aparece de manera consistente como segundo lugar, con valores en el intervalo de 7.18 a 7.60 por ciento. La diferencia entre la mejor y la peor Afore en algunas cohortes supera un punto porcentual anual, brecha que, capitalizada sobre carreras laborales completas, equivale a diferencias significativas en el saldo final disponible para pensión.
La comisión promedio del sistema descendió a 0.54 por ciento del saldo anual en 2026, según los cálculos del propio regulador. La trayectoria a la baja —resultado de las facultades de revisión que CONSAR ejerce año con año— amplía el espacio para que el rendimiento bruto se traduzca en rendimiento neto efectivo, y reduce uno de los principales factores que la literatura comparada identifica como erosivos del saldo final en sistemas de capitalización individual.
Aportaciones, cuentas y volumen
Al cierre del segundo trimestre de 2025, el SAR administraba 76.9 millones de cuentas individuales. De ese total, 68.8 millones se encontraban activas y 8.1 millones aparecían como no activas: 2.5 millones se mantenían bajo resguardo en el Fondo de Pensiones para el Bienestar y 5.6 millones se encontraban inhabilitadas. Adicionalmente, CONSAR ha reconocido la existencia de más de 17 millones de cuentas no registradas —titulares con saldo en alguna Afore que nunca eligieron activamente administradora—, masa cuyo destino regulatorio ha sido objeto de revisión continua.
El crecimiento gradual de las aportaciones patronales programado por la reforma de 2020 amplifica el efecto del modelo generacional: cohortes jóvenes que reciben tasas de aportación superiores y operan con un perfil de cartera más expuesto a renta variable enfrentan, en principio, tasas de reemplazo significativamente mejores que las cohortes inmediatamente anteriores. El supuesto, sin embargo, depende de la densidad de cotización efectiva, que en presencia de informalidad y trayectorias laborales fragmentadas continúa siendo la principal restricción del sistema.
Comparativo internacional y agenda pendiente
Modelos análogos
El diseño mexicano se inscribe en una tendencia internacional. En Estados Unidos, los target date funds se han convertido en el vehículo por defecto de la mayoría de los planes 401(k) tras la reforma de la Pension Protection Act de 2006, y concentran una proporción mayoritaria de los nuevos aportes a planes de contribución definida. En Chile, los fondos generacionales adoptados a partir de 2023 reemplazaron progresivamente al modelo de multifondos vigente desde 2002. La literatura comparada documenta que los esquemas de ciclo de vida reducen el comportamiento procíclico de los trabajadores —que tradicionalmente reducen su exposición a renta variable después de caídas de mercado, justo cuando la teoría sugeriría lo contrario— y simplifican la decisión que enfrenta un cuentahabiente sin asesoría financiera. El caso mexicano fue analizado de manera explícita por la Superintendencia de Pensiones de Chile como referencia para su propia reforma.
Tensiones del diseño
La adopción del modelo no resuelve las tensiones estructurales del SAR mexicano. Tres permanecen vigentes a 2026.
La primera es la cobertura. La densidad de cotización promedio del sistema continúa por debajo de la observada en los países de la OCDE, lo que limita el efecto compuesto del glide path y de la mayor exposición a riesgo de las cohortes jóvenes. Sin trayectorias laborales formales más continuas, el diseño financiero no puede generar por sí solo tasas de reemplazo competitivas.
La segunda es la comunicación. El modelo generacional asume que el cuentahabiente delega la decisión de asignación a una arquitectura por defecto, pero la evidencia local sugiere que una proporción significativa de los trabajadores desconoce el nombre y características de su Afore, así como la SIEFORE a la que están asignados. La eficacia del glide path depende de que el cuentahabiente no tome decisiones contrarias a su perfil, lo cual exige educación financiera sostenida.
La tercera es la fase de desacumulación. El glide path opera hasta la fecha de retiro pero no la cruza: a partir de ese momento, el trabajador transita a un producto distinto —pensión vitalicia, retiro programado o, en su caso, pensión bajo Ley 73 del IMSS— cuya regulación, intermediación y oferta competitiva han evolucionado de manera mucho más lenta que la fase de acumulación.
Conclusiones
- La transición de cinco SIEFOREs Básicas a diez SIEFOREs Generacionales en diciembre de 2019 modificó la arquitectura central del SAR mexicano. El modelo eliminó los rebalanceos abruptos asociados a las edades de corte y los sustituyó por una trayectoria continua de reducción de riesgo dentro de cada fondo.
- La actualización al régimen de inversión publicada por CONSAR el 25 de octubre de 2024 amplió los límites en instrumentos estructurados, FIBRAs e instrumentos en divisas, aunque la asignación efectiva del sistema se mantiene por debajo de los nuevos techos regulatorios.
- El desempeño medido por el Indicador de Rendimiento Neto muestra dispersión entre administradoras superior a un punto porcentual anual en varias cohortes, brecha que se traduce en diferencias materiales en el saldo final del trabajador a lo largo de una carrera laboral completa.
- La comisión promedio del sistema, en 0.54 por ciento del saldo anual en 2026, mantiene una trayectoria descendente que reduce uno de los factores históricamente identificados como erosivos del retorno neto.
- El modelo generacional no resuelve las tensiones estructurales del SAR: la baja densidad de cotización, la limitada comunicación con los cuentahabientes y el rezago en la regulación de la fase de desacumulación seguirán siendo los frentes determinantes para la suficiencia pensionaria en la siguiente década.